El renacer de la luz

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Giotto di Bondone (1267-1337), Nascita di Cristo, Cappella Scrovegni, Padua.

Las celebraciones con sus ceremonias y rituales, como los de Navidad y Año Nuevo, son la respuesta a la búsqueda y necesidad profunda del ser humano de renacer, de poder empezar de nuevo su vida cada año que termina


 

Edgar Cherubini Lecuna / Venergia.org (Venezuela) – 21/12/2022

En el corazón de la noche se inicia la victoria de la luz sobre la oscuridad. El solsticio de invierno es un acontecimiento astronómico anual cuya simbología se corresponde con antiguas tradiciones. Este año el Instituto de Mecánica Celeste (IMCCE) de Francia, lo ha pautado para que ocurra el 21 de diciembre de 2022, a las 21h48 del hemisferio Norte. Ese será el último día más corto del año. A partir de ese momento y pese al recrudecimiento del frío y la nieve en las siguientes semanas, los días comenzarán a prolongarse y la oscuridad a disminuir, la luz será cada vez más intensa y la Tierra, en sus movimientos de translación y circunvalación, comenzará su marcha hacia el Sol del que se había alejado desde el solsticio de verano. La primavera se convierte entonces en una promesa.

La naturaleza obedece a un orden y leyes trascendentes. Ante esa fuerza generadora de la vida en la Tierra, albergamos un sentimiento sagrado, de allí que los símbolos sean los vínculos entre el mundo manifiesto que percibimos y ese orden cósmico tan enigmático del cual formamos parte intrínseca. Los símbolos, las alegorías y los rituales activan las resonancias intuitivas que, en un momento dado y en condiciones psíquicas concretas, posibilitan un nuevo tipo de percepción y lectura de la realidad. La comprensión de un símbolo requiere de una íntima vivencia personal y provoca una emoción, un encantamiento, una revelación.

Sol Invictus de la antigua Roma.

El calendario juliano estableció el 25 de diciembre como el solsticio de invierno en el hemisferio Norte y en 1582, el papa Gregorio XIII, aunque decretó el cambio al nuevo calendario, fijó la fiesta de Navidad el 25 de ese mes. No es una coincidencia que el solsticio de invierno y la celebración del nacimiento del niño Dios, se den en esos días. Navidad viene del latín Nativitas, que significa el aniversario de un retorno, es decir, del renacer del Sol, el Sol Invictus, según los rituales de la antigua Roma reflejados en frescos y esculturas. En efecto, a partir de esa fecha el sol renace en todo su esplendor y los días comienzan a ser más largos.

El símbolo cósmico puede haber mutado en su significado de una civilización a otra, pero siempre ha conservado su esencia a pesar de las variaciones culturales. Por eso es interesante revisar la simbología asociada con las celebraciones de los dos San Juan. El día más largo corresponde a la fiesta de San Juan Bautista y coincide con el solsticio de verano, que se celebra en Venezuela con los tambores de Barlovento el 24 de junio, y el día más corto del año es la fiesta de San Juan el evangelista llamado el solsticio de invierno, unos días antes o después del 21 de diciembre. Esa celebración tiene sus orígenes en la antigua Roma, con la tradición de las fiestas de Janus, el dios de dos caras. Janus significa Janua “puerta de acceso”, es el dios de las puertas, de los comienzos y los finales. Por eso le fue consagrado el primer mes del año y se le invocaba públicamente el primer día de enero, mes que derivó de su nombre del latín Ianuarius y de ahí derivó a enero. Las representaciones del dios Janus, lo describen con dos rostros, uno que mira al pasado y otro que atisba el futuro. Los romanos celebraban la fiesta de Janus, el que “abre” y “cierra” las puertas del ciclo anual. Después de la cristianización de los mitos paganos, los dos santos tomaron su lugar.

Dios Janus .

Las celebraciones con sus ceremonias y rituales, como los de Navidad y Año Nuevo, son la respuesta a la búsqueda y necesidad profunda del ser humano de renacer, de poder empezar de nuevo su vida cada año que termina, como sucedía en los antiguos rituales ante los ciclos renovadores de las estaciones, donde las culturas agrarias percibían en la naturaleza y en la lectura de los astros el sentido de su permanencia y supervivencia en el mundo. El San Juan de invierno, que simboliza el renacimiento del Sol invencible o el Sol que renace o el Niño Dios en la fe cristiana, aparecen en el corazón de la noche más larga del año, para marcar su fin y dar inicio al ascenso de la claridad, de la victoria de la luz sobre la oscuridad. Es el renacimiento del amor, de la generosidad, de recomenzar la vida con nuevos propósitos, de unirse y conjugar una alta dosis de fe en el triunfo del orden sobre el caos y hacer frente a las dificultades con rigor y coraje, con un ímpetu renovado. Navidad significa el renacimiento de la esperanza.


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