Sary Levy: Las crisis son recurrentes porque nosotros las alimentamos con incentivos

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Para Levy mientras el país “siga entrampado en incentivos perversos no va a salir del foso”.
Los economistas Sary Levy y Asdrúbal Oliveros analizaron similitudes entre las economías de Venezuela y de Zimbabue. Los especialistas coinciden en que la destrucción de riqueza de ambos países es muy similar


 

Ariadna García / Crónica Uno (Venezuela) – 12/05/2021

Caracas. Dos economías quebradas en continentes distintos, pero con varias similitudes que forman puentes entre una y otra. Se trata de Zimbabue y Venezuela. Países con largos periodos en hiperinflación, controles de precios, escasez de alimentos y de combustible, impresión desenfrenada de dinero y confiscaciones en la propiedad privada, son algunos de los eventos que alimentaron la crisis en ambos países.

Los economistas Sary Levy y Asdrúbal Oliveros analizaron las similitudes entre estos países en el encuentro “Zimbabue y Venezuela, dos economías fallidas”, organizado este 12 de mayo por Editorial Dahbar, basado en los libros: Cuando el dinero destruye naciones, de Phillip Haslam y Rusell Lamberti, y Descifrando el colapso – La teoría de redes y el análisis financiero, de Sary Levy.

En 2008 Zimbabue experimentó uno de los ciclos hiperinflacionarios más nocivos de la historia con 500.000 millones por ciento de inflación. Diez años después, Venezuela también sufriría uno de los períodos más significativos luego de que entrara en hiperinflación a finales de 2017. En 2018 la inflación en Venezuela fue de 1.698.488,2 %, según datos del Parlamento, mientras que el Banco Central la calculó más tarde en 130.060 %.

La doctora en Economía Sary Levy explicó que las crisis son recurrentes porque son los agentes económicos y los individuos quienes las alimentan con incentivos; en ese sentido, agregó que es falso que los comportamientos y las decisiones no vengan acompañadas con algo de irracionalidad. “Si generas una serie de incentivos que provocan un comportamiento, luego no te quejes si ese comportamiento explota”, dijo. Para Levy mientras el país “siga entrampado en incentivos perversos no va a salir del foso”.

Entre 2015 y 2018 el gobierno adoptó una serie de controles de precio que exacerbaron la escasez de productos esenciales. Además, se implementaron ventas reguladas de productos, entonces la gente solo podía llevar, por ejemplo, dos harinas de maíz o dos paquetes de detergente, lo que derivó en el surgimiento de un mercado negro con los llamados “bachaqueros”, estos adquirían los productos a precios regulados y luego los revendían al precio que ellos convinieran. Situaciones similares se dieron en Zimbabue, como la escasez de alimentos y la confiscación de granjas productivas.

El economista Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, apuntó que existen varios paralelismos entre Zimbabue y Venezuela. El especialista también señaló que las respuestas a las crisis por parte de los ciudadanos y de los agentes económicos son similares en los distintos países sin importar la nacionalidad. Por ejemplo, citó las colas por gasolina en Zimbabue, donde la gente aprovechaba de relacionarse y de hacer alguna actividad recreativa debido al largo tiempo de ocio que pasaban en las estaciones.

En cuanto a los ciclos hiperinflacionarios Oliveros explicó que todos tienen el mismo origen. “En Venezuela no llegó por algo extraordinario, llegó como llegan todas: un Estado insolvente que abusa de su moneda, destruye la confianza de esta y que vive por encima de sus posibilidades, esto desencadena un ciclo hiperinflacionario”.

Oliveros considera que hoy los países son más conscientes del peligro de la hiperinflación y de los riesgos de abusar de las finanzas. “Ya no es común tener ciclos hiperinflacionarios, hubo muchos casos durante los períodos en guerra, pero esto parece haberse superado, aunque no podemos bajar la guardia. Cuando gastas por encima de tus posibilidades, esa cuenta alguien la tiene que pagar y generalmente lo hacen los ciudadanos”, dice.

La economía venezolana acumula siete años de recesión, entre 2013 y 2020 esta se redujo 79,4 %, de acuerdo con datos de Ecoanalítica. Para los especialistas reconstruir el país amerita recursos de los que Venezuela no dispone en este momento. Entre los primeros pasos sería contar con el sector privado, inversión extranjera, levantar la competitividad entre los sectores, resolver el conflicto político y en especial la voluntad de las autoridades económicas para hacer correcciones.

La respuesta de la sociedad y el grado de destrucción es muy similar entre Zimbabue y Venezuela. «Hay elementos en la infraestructura de Venezuela que hacen que la recuperación pueda ser rápida, pero al final hace falta voluntad. En 2012 éramos una economía de $400.000 millones, hoy somos una economía de $40.000 millones, hay pocos casos en el mundo con una destrucción de riqueza como la de Venezuela», dice el economista Asdrúbal Oliveros.

Las lecciones de Zimbabue son claras “cuando las naciones emiten dinero para resolver sus problemas, el resultado es la destrucción económica”, dice una frase del libro enfocado en la experiencia de ese país. Luego de años de deterioro en la economía y en la calidad de vida de los ciudadanos, Oliveros considera preocupante que la sociedad no haya aprendido y que se cometan los mismos errores, por ejemplo, que venezolanos se sigan sintiendo atraídos por líderes carismáticos que atacan y destruye la institucionalidad, en especial “luego de vivir un hiperliderazgo tan dañino como el de Hugo Chávez”.

Por último, consideran que otra lección para los países es aspirar a la restricción presupuestaria, que los gobiernos entiendan que deben sanear las finanzas públicas y evitar la emisión de dinero sin respaldo para financiar el déficit.


  • Ariadna García / @ariadnalimon 

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