Venezuela recurre a “trucos” con la ayuda de Irán para subir su producción de crudo

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El logo de la petrolera estatal PDVSA se ve en un tanque en una instalación petrolera en Lagunillas, Venezuela, el 29 de enero de 2019. Foto: Reuters.

El economista Francisco Monaldi detalla a la Voz de América cómo el gobierno iraní ha sido clave para evadir sanciones y duplicar la producción petrolera venezolana en comparación con la de hace año y medio


 

Gustavo Ocando Alex / Voz de América (USA) – 26/01/2022

Venezuela ha sorteado las sanciones económicas de Estados Unidos para recuperar su producción petrolera con la ayuda de Irán, un país con décadas de experticia en esas prácticas, advierten economistas.

El gobierno venezolano anunció hace un mes que había logrado producir un millón de barriles de crudo al día por primera vez desde febrero de 2019, cuando promedió 1,1 millones de barriles de petróleo por jornada.

El poder ejecutivo presidido por Nicolás Maduro había anunciado a principios de 2021 que elevaría su cuota de producción a dos millones de barriles por día, luego moderó su meta a 1,5 millones y, finalmente, la cifró en un millón. El dignatario, hace poco, prometió de nuevo aumentarla hasta dos millones.

Expertos están escépticos. Es “improbable” que Venezuela haya alcanzado siquiera una producción promedio de un millón de barriles de petróleo en diciembre, según el director del Programa de Energía Latinoamericana del Instituto Baker de la Universidad Rice, Estados Unidos, Francisco Monaldi.

La cifra de producción reportada oficialmente por el mismo gobierno fue de 871.000 barriles diarios, de hecho. Las fuentes secundarias indican que ese registro se ubicó en 681.000 barriles, es decir, 190.000 barriles menos.

Para Monaldi, sí es creíble que la industria venezolana haya alcanzado un millón de barriles en un solo día “excepcional”. “El promedio estuvo muy por debajo de eso”, comenta el especialista en mercados energéticos a la Voz de América.

El gobierno de Maduro recurre a algunos “trucos” para engrosar sus cifras de producción petrolera, subraya. “Está incluyendo (en sus números) el diluyente importado, los condesados de Irán. Lo mezcla con el crudo venezolano y eleva los volúmenes. Eso no es aceptable, porque no es producción venezolana”, dice.

En septiembre, se anunció un acuerdo de intercambio entre las empresas estatales PDVSA y la Compañía Nacional de Petróleo de Irán, conocida como NIOC. Fue clave para generar crudo de exportación con el petróleo extrapesado que extrae Venezuela en su principal región productora, la Faja del Orinoco.

El petróleo de esa región oriental, limítrofe con Guyana, es sumamente pesado, rico en azufre, y su mezcla con diluyentes iraníes lo convierte en crudo mediano, una versión comercialmente más atractiva para los mercados internacionales.

Monaldi asegura que Venezuela mide también su petróleo sin separarlo del “alto contenido” de agua con el que se extrae y procesa naturalmente. “Hay una serie de eventos que nos indicarían que esas cifras están abultadas”, sostiene.

De Rusia a Irán

Venezuela reportó a mediados de 2020 una producción de 393.000 barriles de crudo al día, su cifra más baja en décadas. Monaldi reconoce, en ese contexto, que el país sí ha aumentado su producción comparada con aquel nivel.

El país suramericano llegó a esos números, en parte, por las sanciones económicas de Estados Unidos contra el sistema financiero del chavismo; sus medidas contra una filial de la estatal rusa Rosneft, aliada de Venezuela; y el desplome de los precios mundiales del petróleo por el COVID-19, explica.

Venezuela debió entonces, hace año y medio, cerrar pozos por la falta de venta de su producción y llenó sus inventarios, incluso en barcos en alta mar.

Su alianza con Irán, empero, la ayudó a “establecer estrategias” para evadir sanciones extranjeras y recuperar sus operaciones a medida que los mercados internacionales comenzaron a recuperarse del efecto de la pandemia, indica.

Con la asesoría de Irán, un país sancionado por Estados Unidos desde 1979, Venezuela recurrió progresivamente al uso de barcos fantasmas para transportar su crudo, con GPS apagados e identidades falsas, afirma.

La agencia de noticias Reuters publicó a finales del año pasado reportes sobre maniobras de esa naturaleza. Los textos mencionaban documentos oficiales y declaraciones de voceros de Irán.

“Otra estrategia fue trasvasar petróleo en el mar. Esos barriles terminan en las refinerías independientes de China, como si viniera de otros países, como Malasia. No aparecen como barriles venezolanos”, asevera el economista.

Un funcionario del Ministerio de Petróleo de Irán aseguró el año pasado a Reuters que las sanciones de Estados Unidos “no pueden impedirnos hacer negocios entre nosotros”, en referencia a sus acuerdos con Venezuela.

En diciembre, Maduro anunció que visitaría Irán para conocer a su homólogo Ebrahim Raisi, quien lo invitó. La reunión servirá para “firmar nuevos acuerdos, nuevos documentos, acelerar los procesos de cooperación en todos los planos”, dijo en una entrevista con el canal satelital de noticias Al Mayadeen Español.

Trueque con Irán

En septiembre pasado, Irán comenzó a realizar swaps o trueques con Venezuela de su condensado, una mezcla de hidrocarburos líquidos de baja densidad presentes en el gas natural crudo, a cambio del crudo pesado suramericano.

“Envía alrededor de 50.000 barriles diarios de condensado y Venezuela le envía 100.000 o 110.000 barriles diarios de crudo pesado, de la mezcla de crudo de la Faja del Orinoco con diluyente, que Irán se encarga de vender”, explica Monaldi.

“Esa es la estrategia que Irán usa. El dinero lo depositan intermediarios en Rusia y luego llega a Venezuela, a veces incluso en efectivo. Toda esa estructura de lavado lo montaron con ayuda de Irán y había gente como Alex Saab”, añade.

Saab, un empresario colombiano identificado por Caracas como su enviado especial con rango diplomático, fue extraditado en octubre pasado a Estados Unidos bajo acusaciones de lavado de capitales a favor de Venezuela.

Bloomberg, agencia especializada en información económica, aseguró en diciembre que la estatal PDVSA recurría a “medidas desesperadas” para elevar su producción, como pagos a sus empresas de servicio y empresas aliadas en campos petroleros con maletines llenos de dinero en efectivo o chatarra.

En octubre de 2020, poco luego de que su producción petrolera tocara su mayor fondo en décadas, el oficialismo venezolano promulgó una ley “antibloqueo” que permite negocios confidenciales con empresas para prevenir sanciones.

¿Y el futuro?

Monaldi acota que no hay registros de taladros operando para perforar nuevos pozos en Venezuela en los últimos 18 meses. Sin esa actividad, el potencial de producción de cualquier país petrolero cae 20% por año, en promedio.

“Eso implica que la producción ha subido a los niveles que tenía (en el primer trimestre de 2020), pero es muy improbable que pueda seguir subiendo sin una inversión importante en perforación de nuevos pozos y mejoramiento de la infraestructura”, apunta el especialista del Instituto Baker.

Los altos precios actuales del petróleo permiten a Venezuela vender con descuentos, pagando a intermediarios, y generar “un flujo de caja” a PDVSA para hacer “cierta inversión”, muy lejos de los 10.000 millones de dólares por año que necesitaría para producir dos millones de barriles por día, calcula.

Recuerda que China ha expresado interés en retomar proyectos petroleros en Venezuela, pero duda que sea suficiente para elevar aún más la producción. “No va a subir en 2022 por encima de un millón de barriles”, estima el experto.

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