Venezuela: ¿Un Estado en quiebra o fallido con incipiente coronavirus?

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Venezuela es una bomba de tiempo por estallar que según muchos expertos consideran inevitable.

No debe quedarnos duda de que Venezuela es un Estado Fallido por definición y declarado, seguro, por el ochenta y cinco por ciento de los venezolanos que exigimos la salida del régimen de Nicolas Maduro


 

Gustavo Gonzalez Urdaneta / Factotum Ignacianos (Venezuela) – 05/06/2020

Los estados-nación fracasan cuando son superados por la violencia interna y ya no pueden garantizar la seguridad y la entrega de bienes públicos. Sus gobiernos pierden legitimidad, y la naturaleza misma del estado-nación se vuelve ilegítima a los ojos de una pluralidad de ciudadanos. No es necesario entrar en detalles de la situación caótica en que se encuentra Venezuela después de haber sido declarado Estado Fallido. Sobran opiniones al respecto.

A medida que se ha agravado la crisis económica, política y ahora humanitaria en la Venezuela de Nicolás Maduro, los observadores internacionales han caracterizado cada vez más al Estado como en quiebra o fallido. En 2016, William Finnegan lo calificó de la primera de las formas (‘failing state’), mientras que Moisés Naím y Francisco Toro afirmaron en 2018 que se había convertido en lo segundo (‘failed state’). El columnista de opinión de Bloomberg Tyler Cowen elevó la retórica en 2019, declarando que Venezuela “no es solamente un Estado fallido”. Forbes se ha referido al país en un artículo de este año simplemente como el “Estado fallido de Venezuela”, dándolo como un hecho.

En los últimos años se han publicado diversos índices sobre los Estados Frágiles en el mundo. Uno de los más notorios es el de la revista Foreign Policy and the Fund for Peace (FPFP) que intenta agrupar a todos los países del mundo de acuerdo al grado de amenaza que presentan con respecto a la protección de sus poblaciones de la violencia en función de 12 criterios fundamentales en los cuales se evalúan aspectos como amenazas a la seguridad, decaimiento económico, violaciones a los derechos humanos, flujo de refugiados, falta de provisión de servicios básicos, criminalidad y corrupción, intervención de fuerzas externas o falta de soberanía en el territorio nacional.

Sin embargo, si bien el Índice de Estados Frágiles (IEF) de 2019 de la FPFP reconoce estos problemas y señala que la fragilidad de Venezuela ha aumentado más que en cualquier otro país desde 2018, todavía la coloca en el puesto 32º (en Estado Grave), una clasificación preocupante, pero lejos del riesgo de convertirse en un Estado fallido. ¡Sorprendente! Hay algunas clasificaciones que ninguna nación quiere liderar. Yemen (113.5) acaba de ser nombrada la nación más frágil en el ÍEF de 2019 del FPFP. El estado menos frágil es Finlandia (16.9). Entre estos dos países se encuentra todo el espectro de la estabilidad nacional mundialmente. Venezuela (89.3) y Brasil (71.8) empataron por el título del país más empeorado respecto al 2018. El valor entre paréntesis es el IEF del país.

Sin querer entrar en detalles del modelo digital de dicha clasificación, hay una máxima entre expertos y usuarios de modelos digitales: “La factibilidad de un modelo es inversamente proporcional al número de variables consideradas”. Si eliges muy pocas variables puedes obtener un modelo mal detallado y producir estimaciones sesgadas (sub-especificado). Si eliges el número de variables justas tendrás un modelo sin problemas y con estimaciones precisas (modelo correcto). Si eliges un modelo con demasiadas variables tendrás un modelo excesivamente especificado y las estimaciones serán poco precisas (sobre-especificado).

Cualquier ciudadano del Reino Unido estará alarmado por ver a su nación clasificada como la cuarta más empeorada y encontrará que tres de los 12 indicadores utilizados para compilar el índice causaron en gran parte la baja puntuación: el comportamiento de las élites gobernantes, las divisiones sociales y la legitimidad estatal. Los autores señalan la influencia del brexit como un factor importante del empeoramiento. Los Estados Unidos (38.1) ingresaron en la categoría de ‘Más empeorados’ debido a los puntajes bajos en las mismas categorías que el Reino Unido (36.7), más un puntaje en declive sobre los derechos humanos y el respeto a la ley, en parte como reflejo de las divisiones políticas, controversias legales y el problema de la inmigración. Los cinco países más frágiles, que se consideran que están en ‘Muy alta alerta de fragilidad’, son Yemen, Somalia, Sudán del Sur, Siria y la República Democrática del Congo. En la categoría ‘Alta alerta de fragilidad’ se encuentran la República Centroafricana, Chad, Sudán y Afganistán.

Debemos asumir que cualquier modelo para definir índices mundiales debe corresponder a la clasificación segunda de “modelo correcto”. Una premisa de una cita famosa de Churchill sobre las estadísticas (“las mejores son las que tu inventas”) es, a mi entender, que quizás la mayor fuente de error yace en permitir que los procedimientos estadísticos tomen decisiones por uno. Las 12 categorías del índice con las que se miden las naciones son: situación y respuestas de seguridad; comportamiento de las élites gobernantes; divisiones sociales; rendimiento económico; desigualdad económica; emigración; legitimidad estatal; servicios públicos; derechos humanos y estado de derecho; presiones demográficas; refugiados; intervención externa. La denominación de “categorías” me hace pensar que esos doce criterios sean a su vez multivariables, así que saquen ustedes la cuenta si cada una tiene dos o tres, cuantas serian en total y si aun el modelo digital seria “correcto”. Otra duda que me surge es cuáles son las fuentes de información usadas en el caso de Venezuela para aún estar en el puesto 32 y, si no son confiables, que otras plagas (variables) nos depara el futuro.

Dando por buenas las estimaciones del IEF y otras comparaciones y consideraciones propias, el artículo «Venezuela: ¿Estado débil o fallido?»  de John Polga-Hecimovich – Profesor de Ciencia Política en la U.S. Naval Academy, del miércoles 12 febrero 2020, concluye con las siguientes reflexiones finales: ”Venezuela todavía no es un Estado fallido, pero en muchos lugares está en quiebra… una breve comparación entre la Venezuela de hoy y la Colombia de la década de 1990 indica que aquélla está mucho más cerca de ser un Estado fallido que simplemente uno débil. La comparación también sugiere que Venezuela probablemente tardará más en recuperarse que Colombia de su fracaso actual…”. Preocupante conclusión.

Pedro González Caro en Politika UCAB del 4 septiembre 2019, analizando el tema de Venezuela como un Estado fallido, menciona que son muchas, muy diversas y controvertidas, las definiciones sobre Estado fallido, de modo que para comprender el fenómeno lo aborda desde una perspectiva bien interesante, desde la antítesis del concepto, Estado Exitoso, considerando lo establecido en nuestra Constitución sobre Venezuela como un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político, con lo cual se asume que será un Estado exitoso en la medida en que estos valores superiores sean alcanzados y se satisfagan plenamente.

En este sentido, indica González Caro, que habría que prestar atención al comportamiento de los elementos que dan cuenta del desempeño del Estado venezolano en estos elementos que han sido declarados valores superiores y fines esenciales del Estado para que, desde una perspectiva comparada, pueda generarse la propia conceptualización de lo que ocurre en Venezuela y establecer la presencia o no de estas características que determinaran la existencia de un estado exitoso, como la pobreza, educación e inasistencia escolar, la mortalidad, esperanza de vida y la vulnerabilidad social solo por citar algunos de sus indicadores.

Según González Caro, la única data sobre el comportamiento de los elementos citados que dan cuenta del desempeño del Estado venezolano que puede utilizarse para un ejercicio de análisis comparativo es la que ofrece la Encuesta de Condiciones de Vida, (ENCOVI), ya que los organismos oficiales no emiten informes de gestión desde hace más de 10 años, bajo esta premisa concluye que “la encuesta deja en evidencia una clarísima discrepancia entre los postulados constitucionales que definen al Estado Exitoso en contraste con la realidad social y política de nuestro país, así que ya sea porque así lo indique el informe  de la revista FPFP o como consecuencia del análisis comparativo que ha propuesto, la conclusión es una sola: ¡Venezuela es un Estado Fallido!

Como vemos hay un sinnúmero de caracterizaciones y opiniones con sentido respecto a Venezuela como Estado fallido entre las que destacan, en mi apreciación, la violencia, el uso de la fuera, presencia grupos armados y terroristas, narcotráfico, hambruna, valor de la moneda, escasez de servicios públicos, gasolina, emigración, extremismo ideológico, actividad económica ilícita y pare usted de enumerar.

Bajo otros considerandos, el segundo punto que hoy nos ocupa es el Sistema de Salud en Venezuela que ha sido devastado y han regresado algunas enfermedades previamente erradicadas como la malaria y el sarampión y, hoy en día, nos preocupa el incipiente Coronavirus (CV) según medios oficiales.

Un artículo del 27 de mayo de Guillermo Olmo, corresponsal de BBC News Mundo en Venezuela, nos presenta un grupo de informes científicos y organizaciones internacionales sobre la evolución de la pandemia del coronavirus en Venezuela que advierten que la misma es “una bomba de tiempo” en el país y alertan de que lo peor está por llegar.

Según el último estudio de la ONG Human Rights Watch y por los centros para Salud Pública y Derechos Humanos y para Salud Humanitaria de la Universidad Johns Hopkins, “la absoluta falta de preparación del sistema de salud venezolano” agrava el riesgo de propagación del virus en América Latina y hace necesario el envío urgente de ayuda humanitaria. Igualmente la Organización Panamericana de la Salud considera a Venezuela uno de los países más vulnerables frente a la pandemia de América Latina.

Venezuela ha evitado u ocultado, de momento, un estallido que muchos expertos consideran inevitable. La administración de Maduro ha declarado que hasta el 30 de mayo de 2020, se habían confirmado 1146 casos activos, 302 pacientes recuperados y 14 fallecidos, para un total de 1459 casos confirmados. Según el gobierno, al 30 de mayo de 2020, se habían realizado 16 577 pruebas PCR, y según data gubernamental se han reportado 970.394 pruebas diagnósticas de COVID-19, lo que representa 32.346 pruebas por millón de habitantes.

Pero, de acuerdo con el informe de situación publicado el 22 de mayo por la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, la inmensa mayoría de las pruebas realizadas por las autoridades venezolanas han sido test rápidos “de sensibilidad limitada”. Sólo un 2,3% habían sido pruebas PCR, las consideradas más fiables por la Organización Mundial de la Salud.

Según un reporte de Reuters, el gobierno mantiene un sistema centralizado y no autoriza a clínicas privadas y universidades capacitadas a acceder al tratamiento de pruebas. Hasta el 10 de abril el Hospital Universitario de Caracas solo contaba con 20 kits. Para el 13 de abril, también se indicó un 53% de pacientes recuperados, casi ocho veces mayor que el número de recuperados en Colombia (7%) y 66% veces más que Brasil. La tasa de mortalidad hasta la fecha era de 0,3% la más baja del continente americano.

Juan Guaidó considera que los datos del gobierno de Maduro no son confiables, el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Jon Piechowski, declaró que “no tenemos razones para creer en ninguna cifra del régimen de Maduro sobre el impacto del coronavirus en el pueblo venezolano”, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, ha criticado la “falta de transparencia en las cifras proporcionadas” y el director de Human Rights Watch del continente indicó que las cifras de la administración de Maduro son «absolutamente absurdas». Los reportes provistos por el gobierno bolivariano no son siempre consistentes y presentan incongruencias frecuentemente, que incluyen estados que desaparecen de la lista, números que no suman lo indicado, e inconsistencias con los números publicados por organismos estatales. Organismos como Human Rights Watch y la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos han denunciado “la total falta de transparencia y la persecución contra profesionales de la salud y periodistas que cuestionan la versión oficial”.

Las condiciones de salubridad en centros de concentración popular, el riesgo del hacinamiento en zonas populares y cárceles, la falta de agua en zonas de alta densidad que impide cumplir hasta con el consejo básico de lavarse frecuentemente las manos y pare de enunciar, hace que los expertos teman que ahora favorezcan la propagación del virus. De acuerdo con un reciente estudio de la Academia de Ciencias de Venezuela, el país debe prepararse para que el pico de la pandemia llegue entre los meses de junio y septiembre, con entre 1.000 y 4.000 nuevos casos diarios. Ojala dicha estimación no ocurra, en caso contrario se confirmaría lo ya expresado de que Venezuela es una bomba de tiempo por estallar que según muchos expertos consideran inevitable.

El sistema sanitario de Venezuela está “colapsado”, el país ocupa el puesto 180 de un total de 195 países en el índice de Seguridad Sanitaria Global de la Johns Hopkins. Según la Encuesta Nacional de Hospitales, elaborada anualmente por el colectivo Médicos por la Salud, solo un 9% de los centros hospitalarios venezolanos tienen agua de forma regular y continua. Adicionalmente la falta de combustible dificulta también el traslado de los enfermos y personal a los centros sanitarios.

El analista Luis Vicente León señaló recientemente que “si las sanciones no logran forzar la salida de Maduro a corto plazo, se corre el riesgo de que el deterioro de la calidad de vida de la población sea monumental y la destrucción económica y de infraestructura del país, mucho peor que la actual”.

Desde mitad de mayo de 2020, se evidencia un elevado aumento de las cifras diarias de infectados en Venezuela, esto debido al ingreso de connacionales a Venezuela por los pasos fronterizos y de la transmisión comunitaria. Esta situación fue advertida en su momento por la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela que publicó un artículo científico sobre los posibles escenarios del trayecto del coronavirus para dicho mes en la nación.

La Acnur estima que más de 5 millones de venezolanos han dejado su país en busca de mejores condiciones de vida, pero esta cifra podría incrementarse a causa de la pandemia. Para Human Rights Watch, “la actual migración de venezolanos que ingresan y salen del país producto de la pandemia agrava el riesgo de que el virus se extienda más allá de Venezuela”.

Para cerrar, y considerando lo publicado y dicho sobre el estado actual del Sistema de Salud en el país, no deja de preocuparnos una noticia de Associated Press del 27 de mayo según la cual en Venezuela se iniciará, el lunes 1 de junio, una flexibilización de la cuarentena, vigente desde hace más de dos meses, que implicará un plan por fases para ir hacia una “nueva normalidad relativa, vigilada y protegida”. Aparentemente, el genio de Nicolas Maduro, después analizar todos los elementos necesarios para “ajustar la vida económica del país” activará un sistema especial de transporte con 1.300 autobuses del gobierno.

El mismo medio señala que la flexibilización se da en medio de un repunte de los contagios que saltaron más del doble en la última semana para ubicarse en 1.200 y 11 fallecidos, suena a cifras oficiales, y que la flexibilización también coincide con el arribo esta semana al país de, aparentemente, cuatro de cinco tanqueros con gasolina y aditivos para la producción de combustible que envió Irán a Venezuela para ayudar a superar la severa escasez de gasolina que sufre desde hace dos meses y que según analistas fue la principal razón para imponer la cuarentena.

En América Latina se han registrado a la fecha más de 806.200 contagios y más de 43.400 muertos. Brasil tiene la mayor cantidad de infecciones y decesos. A nivel mundial se han infectado más de 5,6 millones de personas y muerto más de 351.100, según el Centro de Ciencias e Ingeniería de Sistemas de la Universidad Johns Hopkins, que basa sus datos en los informes de los gobiernos y las autoridades de salud de cada país. En la mayoría de la gente este virus provoca síntomas leves o moderados que desaparecen en dos a tres semanas. Pero en algunas personas, sobre todo los adultos mayores y quienes padecen trastornos de salud subyacentes, puede causar enfermedades más graves e incluso la muerte.

No debe quedarnos duda de que Venezuela es un Estado Fallido por definición y declarado, seguro, por el ochenta y cinco por ciento de los venezolanos que exigimos la salida del régimen de Nicolas Maduro y todos sus adláteres y que Dios nos proteja del supuesto incipiente Coronavirus. Un elemento más de riesgo para Latinoamérica.


  • Artículo publicado en Factotum Ignacianos el día 01/06/2020

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