Coronavirus: la estrategia de China para impulsar un nuevo orden mundial

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El Partido Comunista de China puso su aparato totalitario al servicio del ocultamiento de información sobre esta pandemia. (Fotomontaje PanAm Post).

China ha utilizado el coronavirus estratégicamente como un Caballo de Troya para impulsar su agenda de dominación económica, cultural y posicionarse en organismos internacionales


 

Emmanuel Rincón / Panam Post (Latinoamérica) – 06/04/2020

El coronavirus ha llegado para quedarse, más allá de la fecha de vencimiento de la pandemia, sus efectos económicos y geopolíticos aturdirán el planeta por los próximos años. Las consecuencias catastróficas de esta crisis sanitaria no ha permitido que se observe del todo bien el movimiento de fichas en el tablero de la política internacional en torno a esta coyuntura, y es que el virus chino ha sido el gran Caballo de Troya del presente siglo, solo que este no vino como obsequio, vino como enfermedad, pero en su interior lo que transportaba el virus del Partido Comunista de China, más allá de una pandemia, es el reordenamiento de una agenda política que busca posicionar al gigante asiático como la cabeza del nuevo orden mundial.

Desde hace ya varias décadas que todo Occidente, en un afán de abaratar costos, ha ido fomentando una relación de dependencia absoluta hacia el totalitarismo chino. La falta de derechos humanos y la práctica de condiciones laborales anacrónicas en China permitieron forjar una industria de transformación de todo tipo de materia prima a precios muy bajos, con los cuales ninguna nación Occidental que respeta a sus ciudadanos podría competir. Esto no solo fue alimentando la economía del Partido Comunista de China, sino que a su vez fue propiciando una relación de sumisión de muchas naciones con el gigante asiático.

Que China haya escalado progresivamente durante las últimas décadas en la influencia mundial no es producto de la coincidencia, ha existido una estrategia para potenciarse como el eje del nuevo orden mundial, no en vano es hoy en día el país con mayores inversiones y préstamos en el continente africano, lleno de naciones que aspiran al progreso económico, y que de alcanzarlo, tendrán a China como su defensor, como su padre, modelo a seguir, pero también, en un eventual conflicto, serán su escudo protector.

Muchas teorías se han enarbolado alrededor del coronavirus, sin embargo, no es posible afirmar de forma empírica que esta pandemia haya sido creada en algún laboratorio de Wuhan, pero lo que sí se puede afirmar es que el Partido Comunista puso su aparato totalitario al servicio del ocultamiento de información sobre esta pandemia, que incluso médicos que intentaron alertar de los efectos nocivos del COVID-19 fueron silenciados y posteriormente fallecieron, que hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS) repitió las mentiras del Gobierno totalitario de China y anunció por sus redes que el coronavirus no se transmitía entre humanos, y que posterior a todo esto, el régimen chino exportó al mundo el virus permitiendo la salida de ciudadanos de sus fronteras sin ningún tipo de restricciones. Solo después de que el virus fue esparcido por el mundo y atacara a las principales potencias de Occidente, Wuhan cerró sus puertas, pero el daño ya estaba hecho.

En este sentido, el financiamiento de China a países pobres ya ha empezado a cobrar frutos en el posicionamiento de los organismos internacionales, que la OMS haya difundido sin miramientos las falacias del Gobierno chino no es una casualidad, un organismo de esa talla con tanta representación internacional, financiamiento y presión mediática, no se aventura así nomás a repetir un bulo de un régimen totalitario sin antes haber analizado de forma minuciosa la información. La razón en todo esto es que Tedros Adhanom, el actual director de la OMS, fue propuesto para el cargo en el 2016 por el Gobierno autoritario de índole marxista manejado por Hailemariam Desalegn, Etiopía, propuesta que a su vez fue impulsada por la Unión Africana, cuyo máximo financista es: sí, adivinaron, el régimen totalitario de China.

La candidatura de Adhanom no estuvo exenta de críticas. El sujeto en cuestión había fungido como ministro de Salud del Gobierno de Desalegne, y durante su gestión fue acusado de ocultar epidemias de cólera en su país, aun así fue electo y tras un par de años de gestión haría algo no muy distinto a lo hecho en Etiopía, ocultaría o compartiría información errada sobre una epidemia, con el fin de favorecer un gobierno totalitario de índole comunista.

La “negligencia” de la OMS dirigida por Adhanom, sobre la “no propagación del coronavirus entre humanos”, propició que muchos gobiernos bajaran las defensas ante el virus, y que los ciudadanos chinos pudieran movilizarse por el mundo portando el COVID-19 que hoy ha asesinado a miles de personas y ha paralizado a la economía mundial.

Además de esto, China ya posee un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y el 1ero de abril, a pesar de sus evidentes prácticas totalitarias, de su responsabilidad en el esparcimiento del coronavirus, se le ha concedido al régimen totalitario un puesto en el panel del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, donde se designan a los especialistas que investigan a nivel mundial las detenciones arbitrarias, la libertad de expresión y las desapariciones forzosas. Esto es el equivalente a poner a un miembro del Ku Klux Klan a dirigir un organismo para combatir el racismo.

El próximo 8 de abril ya la ciudad de Wuhan, la zona cero de la epidemia mundial, levantará la cuarentena para retomar actividades, mientras que todo Occidente se encuentra aletargado y asustado, escondidos en sus casas por miedo a continuar propagando un virus letal que ha contaminado a millones y asesinado a miles.

Mientras que la economía mundial ha sido maltratada por la epidemia, China se ha posicionado comprando activos a bajos precios, de hecho, en Global Times, un medio oficial del régimen, ha sostenido que «si la situación continúa sin complicaciones, China es capaz de conseguir un crecimiento anual del PIB del 6 %», es decir, que estiman que crecerá a un ritmo similar al del 2019 (6,1 %) a pesar de la epidemia.

Hoy, mientras el poderío industrial de las principales naciones de Occidente languidece y día a día se destruyen puestos de trabajo, la fuerza industrial de China florece, ya hasta Wuhan volverá a ponerse sobre ruedas, mientras que en el resto del mundo pareciera no haber siquiera la intención de levantar las cuarentenas en el corto plazo, pues en países como España, Italia y Estados Unidos los muertos se cuentan a diario por cientos y miles.

El gigante asiático incluso ha usado la pandemia para posicionarse como los nuevos “salvadores” de esta crisis que ellos mismos propiciaron. Un reciente informe del diario estadounidense The Epoch Times, indica que el régimen comunista de China compró millones de máscaras y suministros médicos críticos antes de la pandemia, y que incluso dejó de exportar su producción en enero ante la aparición del coronavirus, propiciando la escasez de estos productos fuera de China; ahora, meses después, y con Occidente en estado crítico, ha realizado “donaciones”, autodenominándose los nuevos asistentes de ayuda humanitaria internacional, aplicando la máxima comunista por antonomasia: “el comunismo primero te corta las piernas y luego te da unas muletas para que puedas caminar y tengas que agradecerle”.

Tomando en cuenta todos estos elementos es muy difícil pensar que todo esto haya podido ser fruto de la casualidad. Ya incluso hay una gran cantidad de norteamericanos que están enlodados con la retórica comunista, pues defienden a la tiranía china y a la teocracia iraní por encima de su propio Gobierno democrático que hoy es presidido por Donald Trump. En ese sentido, el antinorteamericanismo ya es hoy un peligro, incluso dentro del propio Estados Unidos. Sentimiento que además es impulsado por cadenas televisivas como CNN y grandes diarios como el New York Times.

El poderío de China no es algo que pueda obviarse ni tomarse a la ligera. Su empuje económico sostenido por un orden social totalitario le brinda descuentos en el apartado de manufactura con los que difícilmente pueda competir una nación que aboga por las libertades ciudadanas y los derechos humanos. Así han ido expandiendo su economía y comprando activos importantes para influir y dominar culturalmente Occidente, no en vano ya son dueños de equipos de fútbol y otras disciplinas en las principales ligas del planeta, de medios de comunicación, entre otros focos importantes de dominación; esto, además de su intromisión en organismos internacionales, la dependencia y sumisión a la que muchas naciones occidentales han sucumbido por el número de importaciones directas, han ido convirtiendo a China en el candidato a implantar un nuevo orden mundial, y no hay nada más peligroso que poner a la cabeza de este nuevo orden a un régimen totalitario, comunista, que durante décadas ha reprimido todas las libertades individuales y desaparecido y asesinado a sus propios ciudadanos.

En números, solo China tiene casi el triple de habitantes que toda América Latina, y ni juntando a Estados Unidos y Canadá se llega a aproximar al número de habitantes del gigante asiático, un dato no menor tomando en cuenta las aspiraciones de dominación del Partido Comunista Chino.

Si hay un distanciamiento que debe aplicarse es con China. Las naciones de Occidente deben comenzar de inmediato a practicar el distanciamiento social, económico y diplomático con el régimen comunista, mañana podrá ser demasiado tarde.

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