El drama de la migración venezolana: de los caminantes a los balseros

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Migrantes venezolanos que intentan huir por mar hacia los países del Caribe. Este grupo llegaba a Trinidad y Tobago en 2019. / Lincoln Holder - Newsday/Handout vía Reuters.

Con una nueva dinámica que se presenta en la migración de Venezuela, tras la salida de miles de personas a pie en 2017, hoy los ciudadanos se aventuran por mar, pero con fatales consecuencias


 

El Espectador (Colombia) – 14/12/2020

La última tragedia que enluta a los venezolanos estaba anunciada. Desde hacía dos años habitantes, diputados y autoridades de Güiria, un pueblito del estado Sucre, denunciaban cómo el lugar se había convertido en el centro de operación de las mafias de migrantes. Redes de tráfico humano que también actúan en Tucupita, capital del estado Delta Amacuro, desde donde salen barcos cargados de personas en una peligrosa travesía por mar que tiene como destino final Trinidad y Tobago.

Pero no todos lo logran. Según datos de la Asamblea Nacional, en los últimos 24 meses, 130 venezolanos han perdido la vida en aguas caribeñas, 80 solo en 2019. Hoy a esa terrible cifra se suman 19 migrantes más, entre ellos varios niños, cuyos cuerpos fueron encontrados este fin de semana por la Guardia Costera venezolana.

Según varias ONG, los balseros se embarcaron en el bote “Mis recuerdos” desde Güiria rumbo a Trinidad y Tobago, pero fueron regresados a alta mar y en ese viaje naufragaron. Estuvieron a la deriva una semana, de acuerdo con familiares que denunciaron la desaparición de la embarcación, hasta que las autoridades hicieron el demoledor hallazgo: cuerpos flotando a seis millas de la costa venezolana.

La Guardia Costera de Trinidad y Tobago dijo en un comunicado que la embarcación con los venezolanos había zarpado de Güiria el 6 de diciembre con más de 20 personas a bordo y que no se volvieron a tener noticias desde ese día. «La Guardia Costera no interceptó ningún barco que viniera de Güiria el 6 de diciembre o en cualquier momento posterior», detalló.

“Una terrible y evitable tragedia: 19 personas, entre ellas niñas, han perdido la vida en su intento desesperado por escapar de Venezuela, el país en donde las masivas violaciones de derechos humanos les robaron los sueños. Las personas venezolanas requieren protección internacional”, denunció Érika Guevara-Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

Los cadáveres, que estaban amarrados entre sí, al parecer para protegerse en medio del fuerte oleaje, y en avanzado estado de descomposición, fueron trasladados a un muelle de la Guardia Nacional en Güiria y de allí a una morgue en la capital Cumaná, denunció la oposición.

La migración venezolana comienza a presentar nuevas dinámicas. Después de la crisis de migrantes de 2017, cuando millones de venezolanos cruzaron a pie por la frontera con Colombia, muchos con destino a países como Ecuador, Perú, Chile o Argentina, hoy el éxodo es por mar. La salida hacia Trinidad y Tobago, en destartalados y sobrecargados botes, es una de las rutas de escape más populares de la diáspora.

El diputado opositor Robert Alcalá denunció el año pasado en el periódico El Nacional la existencia de muchas “mafias que prosperan con la migración ilegal en precarias embarcaciones que navegan unos 140 kilómetros desde Güiria hasta Trinidad y Tobago (…) las mujeres son explotadas sexualmente y los hombres empleados en trabajos rudos en fincas o fábricas”.

De acuerdo con reportes de prensa venezolanos, cada migrante paga, en promedio, US$500 para llegar a la isla: primero llegan a Macuro, para luego tomar un bus por seis horas hasta Güiria, desde donde zarpan clandestinamente las embarcaciones. El viaje dura dos horas, en promedio, pero hay que atravesar la temida “Boca del Dragon”, en donde las embarcaciones pequeñas son destrozadas por el fuerte oleaje o se hunden.

La ONU estima en 4,9 millones el éxodo de venezolanos desde 2015, cerca de 25 mil con Trinidad y Tobago como destino, isla que ante la masiva llegada de migrantes comenzó a exigirles visa de turismo a los venezolanos desde 2019. Eso no detuvo el éxodo, pero sí lo hizo más arriesgado e inhumano. El país insular, de 1,3 millones de habitantes, señala que facilitó el registro a 16 mil venezolanos.

El pasado 28 de noviembre, Trinidad y Tobago deportó a 160 venezolanos tras acusarlos de ingresar al país ilegalmente. De acuerdo con el primer ministro de Trinidad y Tobago, Keith Rowley, su país se encuentra bajo “asalto” de migrantes ilegales que “usan niños inocentes”.

Días antes las autoridades de la isla deportaron a 16 menores de edad venezolanos, quienes fueron encontrados perdidos en alta mar. Una orden de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que ordenó al país a recibir los menores, evitó una tragedia, pero no hizo nada por evitar la nueva desgracia.

El primer ministro trinitiense dijo que abrir las fronteras sin restricciones traería “a todo migrante económico, traficante de armas, traficante de drogas, traficante de personas y líder pandillero sudamericano” bajo la figura de “refugiado”.

La crisis de los balseros ha enlutado a África desde hace un cuarto de siglo, pues miles de migrantes se han ahogado en el mar Mediterráneo intentando llegar a Europa. Este lunes, las autoridades rescataron tres nuevas embarcaciones varadas en alta mar. Las organizaciones denuncian que los balseros en 2020 están batiendo récords. Desde el 1° de enero de este año y hasta el 30 de noviembre llegaron de manera irregular a las costas mediterráneas 15.764 personas.

Una tragedia que recuerda otras más cercanas. En agosto de 1994 se desató en Cuba el “éxodo de los balseros”, la tercera crisis migratoria de cubanos, que tenían como antecedentes Camarioca 1965 y Mariel en 1980. Se calcula que en el verano de 1994, 32.362 cubanos escaparon de la isla en balsas.

David Smolansky, comisionado para la Organización de Estados Americanos (OEA) del líder opositor Juan Guaidó, aseguró que “en mis dos años y medio trabajando en esta crisis, este es posiblemente el caso más dantesco que he tenido que atender”.

Venezolanos desde Trinidad y Tobago enviaron un mensaje a sus compatriotas: “No sigan arriesgando sus vidas en el mar”.

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