La oscuridad se hizo presente

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“La posibilidad de un gran apagón nacional es alta”, advierte el ingeniero José Aguilar, consultor especializado en el tema.

El balance de un año del megapagón arroja más sombras sobre el oscuro episodio de la electricidad, el peor ocurrido en 130 años en Venezuela, que fue hasta el año 2000 líder en electrificación en América Latina


 

Olgalinda Pimentel R. / Crónica Uno (Venezuela) – 12/03/2020

Al Sistema Eléctrico Nacional (SEN) se le fueron los tapones el 7 de marzo de 2019, a las 4:54 de la tarde. Una falla en la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, en la represa del Guri, ubicada en el estado Bolívar, apagó la luz en Caracas y en las 23 entidades del país, por más de 100 horas consecutivas, y ocasionó otros tres apagones nacionales en ese mes, el segundo de ellos, 20 días más tarde, con graves repercusiones.

Desde entonces, no ha habido suministro eléctrico estable ni reporte técnico oficial. En casi 12 meses, por lo menos 11 interrupciones importantes del servicio han dejado sin energía hasta por 20 horas más de 10 estados, y la convicción, entre “bajones”, de que habrá otro apagón nacional. Y no es descabellada. “La posibilidad de un gran apagón nacional es alta”, advierte el ingeniero José Aguilar, consultor especializado en el tema.

El país funciona en la actualidad con apenas 10.900 MW hidroeléctricos y termoeléctricos efectivos, es decir, casi 4000 MW menos que el 7 de marzo, para cubrir la demanda nacional, hoy reducida y que además no puede aumentar. Hay severas deficiencias en generación, transmisión y distribución de electricidad.

Sin embargo, en este tiempo no ha habido anuncios oficiales de recursos ni esfuerzos para salvar el SEN de la vulnerabilidad.

En tinieblas la red eléctrica

En Guri, aunque se lograron recuperar recientemente dos unidades grandes, la U14 y la U19, para la generación de energía, no funcionan todavía a plenitud, y persisten los problemas en Caruachi y Macagua. Por abandono y operación negligente la generación de los Andes hoy se encuentra en 96% indisponible, por problemas atribuibles y o agravados por el gran apagón de marzo, según Aguilar.

En materia de transmisión, el sistema troncal opera con gran precariedad. “Por ese apagón se perdieron por lo menos 10 autotransformadores de gran envergadura para los sistemas de 765 y 400 kV”, añade.

Uno de los tres autotransformadores (AT2) dañados del sistema 765 de la Casa de Máquinas II del Guri fue sustituido por equipos extraídos de la subestación San Gerónimo B y de Yaracuy para que cumplan su función.

“En esta situación no puede ocurrir ninguna otra falla adicional de electricidad en el trayecto del sistema 765-400, porque no tenemos respaldo ni capacidad de reacción. Y tampoco puede hacerse mantenimiento a los equipos porque no hay cómo maniobrar”, afirma Aguilar.

En distribución las fallas son incontables. Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Maracay siguen presentado “fallas catastróficas”. Se calcula que en autotransformadores y transformadores críticos para estas áreas del país se requieran casi 100.

Aunque Corpoelec anunció en fecha reciente que incorporará tres unidades con una potencia instalada combinada de 415 MW en el complejo Termozulia, para aliviar la oscurana actual en los llanos y el occidente del país, la carga que en realidad será de 340 MW es absolutamente insuficiente. Maracaibo solamente, con 2400 MW instalados, necesita de 1700 a 2000 MW disponibles para dar un margen de seguridad al suministro.

Las plantas termoeléctricas con capacidad instalada de 19.000 megavatios, que pudieran aportar la duración del apagón y aliviar la crisis, no funcionaron.

Por qué les apago la luz

Lo que ocasionó en verdad la falla en la Casa de Máquinas II de Guri tiene el sello rojo de secreto de Estado. No obstante, especialistas apuntan hacia una maniobra abusiva del sistema. Meses antes del megapagón, muchas de las interrupciones del servicio fueron disfrazadas de racionamientos. Y en eso estaban los operarios de Corpoelec ese jueves, históricamente uno de los dos de mayor demanda en el año, cuando ocurrió la falla eléctrica.

“Quizá entre un incendio, aunque no hay elementos que lo hagan creíble debido a la fuerte custodia militar en la instalación, ocurrió el apagón, comenzó a subir la carga y empezaron seguramente a empujar más MW hidros por el sistema de 765 kV. Se violaron los límites de operación segura para tapar la ausencia de MW térmicos suficientes fuera de Guayana, y se desconectó el sistema”, señala el especialista. No se presume otra razón. Las reservas hídricas del embalse de Guri sobrepasaban el nivel promedio.

Obviamente, nos ocultan “algo”, dice, «al basarse en la opacidad de la información”.

Al caer el sistema, se desconectaron las plantas térmicas del país. “Y allí comenzó el desastre de tratar de levantar el sistema con únicamente hidroelectricidad, pero no estaban preparados para operar con procedimientos actualizados para ese tipo de contingencia. Destruyeron mucho equipamiento”, explica.

Aunado a la mala praxis de un sistema en condición desmejorada, se sumó el insuficiente e inoportuno mantenimiento. Además, el evento ocurrió en medio de políticas erradas y el mayor gasto irregular en el sistema eléctrico.

Y se prendió la candelita

La crisis en el sector había sido alertada por especialistas desde el año 2007, desde la Asamblea Nacional, que investigó irregularidades en el manejo de recursos y en proyectos aprobados con sobreprecio.

Además, ingenieros convocados por la Academia para un foro sobre el Estado de los Proyectos Hidroeléctricos, en febrero de 2019, concluyeron en la falta de atención estatal de las instalaciones y de la finalización de obras para fortalecer el suministro eléctrico.

Proyectos ambiciosos, como el segundo desarrollo de Uribante Caparo, Tocoma y Tayucay, entre otras seis grandes obras de generación en hidroeléctrica, estaban paralizados. La Central Simón Bolívar, la más grande obra hidroeléctrica del SEN, tenía su Casa de Máquinas II en etapa de repotenciación, y varias de sus 10 unidades están fuera de servicio. Estos trabajos, como los de Tocoma, quedaron detenidos por falta de pago.

También grandes plantas termoeléctricas, como Planta Centro en el estado Carabobo, y Termozulia en el occidente del país, funcionaban a media máquina por falta de combustible, mientras Tacoa prácticamente no podía operar.

“El problema está en que si ocurre una falla no hay cómo solventar la situación”, concluyeron los ingenieros. “El déficit operativo de los sistemas hidroeléctricos y termoeléctricos coloca al país en emergencia y es necesario que culminen las obras”, advirtió el ingeniero Valdemar Andrade, mientras que el especialista Raúl Cabrita llamó la atención sobre la falta de rehabilitación y reconstrucción de presas y embalses distribuidos en todo el territorio nacional, desde el año 2000. Estos alimentan el sistema hidroeléctrico con turbinas.

Esta era la situación el 7 de marzo cuando en Venezuela se fue la Luz.

El gobierno de Nicolás Maduro no tardó en atribuir la falla a un sabotaje de la oposición. Sin embargo, expertos en el sistema eléctrico descartaron esa posibilidad con argumentos técnicos.

“Los equipos no fallaron. Las unidades del Guri no se salen porque alguien desde fuera las mandó a parar. Eso tiene mecanismos que solamente el operador de la planta puede manejar”, indicó el ingeniero electricista Miguel Lara en aquel momento.

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