Nuevo modelo venezolano buscaría apostarle a “maquilas” y al capital privado

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Partidarios del Gobierno venezolano manifestándose en el Día Internacional de los Trabajadores. Pedro Rances Mattey - Agencia Anadolu.

El proyecto de ley, que ya fue aprobado en primer debate, permitiría la creación de Zonas Económicas Especiales que fomentan la mano de obra barata y están inspiradas en el modelo chino


 

Álvaro Suzzarini Fernández / El Espectador (Colombia) – 25/06/2021

Ha pasado casi una década desde que se promulgó en Venezuela la “ley del trabajo”. En 2002 el entonces presidente, Hugo Chávez, firmó la ley acompañando su rúbrica con la frase “Justicia social”.

La ley, que fue una de las banderas de la revolución bolivariana, que en aquellos tiempos presumía de lo avanzado de este instrumento legal, hoy podría ser desaplicada dentro de las nuevas Zonas Económicas Especiales (ZEE).

Las ZEE “son espacios territoriales para la atracción de inversiones productivas nacionales y extranjeras”. Por lo menos así se contempla en el proyecto de ley aprobado en primera discusión por la mayoría parlamentaria del partido de gobierno (PSUV) el 27 de abril de este año y que ahora solo es cuestión de tiempo para que se sancione.

En vista del colapso de la industria petrolera venezolana entre malos manejos y el asedio de las sanciones, parte de la dirigencia chavista entiende la Ley Orgánica de Zonas Económicas Especiales (LOZEE) como el instrumento legal que le permitiría “captar divisas”, así esto implique levantar el modelo estatista y nacionalista edificado en los últimos 20 años para abrirle paso al capital privado.

En este sentido se ha pronunciado uno de los principales promotores de la LOZEE, Nicolás Maduro Guerra, el hijo del actual presidente Nicolás Maduro.

Maduro Guerra ha asegurado que “Venezuela apostará por el capital y la empresa privada como uno de los pilares de desarrollo económico”.

En la LOZEE se otorgan incentivos para fomentar la inversión en materia fiscal, ambiental y laboral. Parte del chavismo que se ha opuesto al proyecto advierte que estas facilidades a los inversores se pueden traducir en que las empresas no paguen los impuestos más significativos hasta por diez años, contaminen más que en otras áreas de Venezuela y en que a sus trabajadores se les limite la organización en sindicatos u otros gremios para exigir mejoras laborales.

Grupos de migrantes venezolanos recorriendo las calles de Arauquita, localidad fronteriza y perteneciente al departamento de Arauca (Colombia). Jebrail Mosquera Contreras.

“La ley de ZEE es, en síntesis, un componente más de un proceso de apertura y liberalización de la economía nacional para poder atraer la inversión privada, toda vez que el Estado ya no tiene recursos financieros para mover la economía”, aseguró en conversación con la Agencia Anadolu el exministro de Industrias y economista venezolano Víctor Álvarez.

La idea de las ZEE no es nueva en Venezuela. De hecho son un segundo intento de hacer uso de este tipo de políticas. Ya en 2001 se implementaron las llamadas ZEDES: Zonas Económicas de Desarrollo Endógeno Sustentable.

Según Álvarez, “las ZEDES se basaron sobre todo en la inversión pública, ya que el Estado venezolano tenía una creciente capacidad de financiamiento que le permitía intervenir en la economía”.

“Luego de 20 años con las ZEDES, no pasó mayor cosa. Y ese proyecto se agotó una vez que colapsó la producción de (la empresa estatal de petróleos) PDVSA”, señaló.

Las nuevas ZEE no tienen a las viejas ZEDES como referencia. Así lo aclaró Maduro Guerra, quien fue el encargado de presentar la ley ante la Asamblea: “¿De dónde adoptamos ejemplos? El primer ejemplo de una zona especial exitosa la tienen nuestros hermanos de la República Popular China”.

En efecto, China constituye un caso de éxito neoliberal en la aplicación de estas políticas. Cuando se implementaron las ZEE en el gigante asiático, el 30 % de la población vivía por debajo del umbral de pobreza. Desde la década de los ochenta hasta ahora, con el modelo chino de zonas especiales, 800 millones de personas han dejado de ser pobres y este indicador se redujo a un 1 %.

Detrás del éxito económico de las ZEE chinas está el aprovechamiento de la mano de obra barata generada por la migración rural. De acuerdo con el intelectual inglés David Harvey, se estima que en China hay actualmente más de 300 millones de trabajadores inmigrantes que han abandonado las aéreas rurales en busca de trabajo en las ciudades. Este fenómeno social presiona los salarios a la baja, abarata los costos de producción y hace competitivas a las exportaciones chinas.

Las ZEE de todo el mundo contratan a 42 millones de trabajadores, de los cuales 30 millones trabajan en China, lo que pone de relieve la importancia del trabajo poco remunerado en estas zonas.

Aunque distantes en tiempo y características, las aéreas en la costa sur de China en 1978 -elegidas como ZEE– y la actual Venezuela comparten la abundancia de mano de obra barata.

China decretó el éxito de su modelo cuando sus trabajadores más pobres empezaron a percibir US$1,52 diarios. Esto equivale a más del 75 % del sueldo mínimo venezolano, pero apenas el 15 % de la “cesta petare”, que mide el precio de los productos de primera necesidad en el barrio más poblado de Caracas.

Referentes intelectuales del chavismo como Luis Britto García han advertido sobre las condiciones laborales de las ZEE, conocidas en Latinoamérica como “maquilas”.

La ONG inglesa Oxfam advierte que los salarios en las maquilas de Centroamérica no alcanzan para cubrir las necesidades mínimas.

“En Guatemala, el salario mínimo de las maquilas en 2012 cubría únicamente el 84 % del costo de la ‘canasta básica’ del país; en Honduras, el 67 %; y en Nicaragua, el 49 %. Solo en el caso de El Salvador el salario mínimo en estas zonas era un 5 % superior a la canasta básica alimenticia”, según cifras de la organización especializada en la lucha contra la pobreza.

Para el miembro de la Alternativa Popular Revolucionaria (APR), una disidencia del chavismo, Leander Pérez, las ZEE contradicen las políticas que se llevaron adelante durante la revolución bolivariana, entre ellas la integridad territorial, la primacía de la propiedad pública y la presencia fuerte del Estado sobre la economía para la defensa de las grandes masas.

“Las ZEE vienen a desmontar las conquistas sociales que ya están en franco retroceso y a entregar mayores beneficios al sector privado”, opinó para la Agencia Anadolu el también militante de En Común.

Por su parte, Maduro Guerra alega que esta propuesta “supera los modelos tradicionales de organización” y “viene a renovar todas las inversiones y las relaciones económicas que se desarrollan en nuestro modelo: el socialismo del siglo XXI”.

Harvey explica que China en la década de los 80 “abrazó las reformas económicas con el objetivo de acumular riqueza y de modernizar su potencial tecnológico en aras de mejorar su capacidad para manejar la disidencia interna, para defenderse mejor frente a una agresión externa y para proyectar su poder hacia el exterior en la esfera de sus intereses geopolíticos inmediatos”.

Hoy en día, China va rumbo a convertirse en la primera potencia económica, pero en el proceso se ha hecho casi tan desigual como Estados Unidos y mucho más desigual que Europa, mientras que cuarenta años atrás, cuando implementó las ZEE, era la más igualitaria de los tres.

Por su parte, Venezuela, que supo durante los gobiernos de Hugo Chávez ser el país más igualitario de Sudamérica, hoy es una de las naciones más desiguales de la región. Según cifras de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), elaborada por las principales universidades venezolanas, existe una brecha social entre el 20 % que tiene ingresos en dólares y el 80 % que no lo tiene.

La actual administración chavista parece jugársela con las ZEE, de probada eficiencia contra la pobreza extrema, pero que exacerban la desigualdad.

Mientras avanza inexorable la promulgación de LOZEE, detractores de este tipo de políticas dentro del chavismo, como la economista Pasqualina Curcio, se preguntan: “¿Y aquí donde está el socialismo?”.


  • El autor ha sido investigador de la Escuela Venezolana de Planificación y del Instituto Iberoamericano de Altos Estudios Judiciales y ha colaborado con medios internacionales como Hispan TV y TeleSur.
  • Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

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