Una amenaza que se creció

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ILUSTRACIÓN ELENA OSPINA.

Con una enorme presencia en Venezuela, y con el control de numerosos negocios ilícitos, el Eln se ha convertido en una de las más peligrosas organizaciones criminales y en una amenaza que el país no ha comenzado a entender


 

El Colombiano (Colombia) – 05/01/2022

En el mismo día en que Colombia se enteró de fuertes hechos de violencia en Arauca, en los cuales más de 20 personas perdieron la vida, periodistas venezolanos informaban que en la población de Barrancas del Orinoco hubo enfrentamientos a bala que dejaron más de 10 muertos. ¿Tienen algo en común ambos hechos? Sí, el factor común es el Eln.

Inmediatamente uno pensaría que aquí no hay nada nuevo, y que la presencia del Eln en la zona fronteriza entre Colombia y Venezuela es un hecho conocido desde hace años. Cierto, si no fuera porque Barrancas del Orinoco no está en la frontera ni cerca de ella: esa población venezolana está a más de mil kilómetros de la frontera con nuestro país y, sin embargo, en ella la presencia y operación del Eln es amplia y conocida. En los hechos allí reportados, la organización criminal colombiana se habría enfrentado en las calles con miembros de una organización mafiosa llamada Sindicato Barrancas, con la cual el Eln se disputa el control de negocios de minería en la zona próxima al delta del Orinoco, cuyos depósitos de minerales son muy abundantes.

Ya en 2018 un informe del centro de investigaciones Insight Crime reportaba que la presencia del Eln se había detectado en doce estados de Venezuela, es decir, en más de media Venezuela, excediendo por mucho su tradicional presencia al otro lado de la frontera en Arauca y Norte de Santander. Lugares tan lejanos como el estado Anzoátegui y la frontera con Guyana eran ya considerados zona de influencia del Eln, que allí opera negocios ilegales tan diversos como el narcotráfico, la minería ilegal e incluso la distribución de los “Clap”, mercados que el gobierno venezolano entregaba selectivamente a la población.

Luego de los hechos que pintaron de violencia este arranque de año en los municipios del piedemonte araucano (Tame, Fortul y Saravena), el presidente Duque y el ministro de Defensa anunciaron acciones de control territorial, principalmente el envío de dos batallones del Ejército a la frontera.

¿Qué puede decirse sobre estos anuncios? En primer lugar, toda acción dirigida a proteger a la población civil es bienvenida. Esa debe ser la prioridad: los civiles en estas zonas están atrapados en medio de los enfrentamientos entre organizaciones criminales, en este caso Eln y una disidencia de las Farc; de no actuar rápido, podemos terminar con una catástrofe humanitaria. De modo que es bienvenida toda la presencia militar que sea necesaria para proteger a la gente.

Pero es importante que esto no se quede en anuncios y que esos batallones no lleguen para irse apenas unos días después: el esfuerzo para establecer el control territorial tiene que ser constante e integral. Y debe incluir un factor en el que hasta ahora parecería que estamos fallando: conocer y entender bien al Eln para poder combatirlo eficazmente.

Esta organización criminal, fundada en los años sesenta por intelectuales enamorados de la Revolución cubana, ha pasado por varios ciclos de auge y caída: fue casi desmantelada por las fuerzas armadas en los años ochenta; luego resurgió, por cuenta del dinero que obtuvo por extorsiones a las petroleras en Arauca; luego fue quedándose atrás en una especie de dura competencia con las Farc; pero en los últimos años ha logrado ocupar territorios dejados por esa organización y se ha metido de lleno en negocios criminales lucrativos, muchos de ellos al amparo de la dictadura venezolana.

Su estructura es difusa y difícil de entender. En regiones como el piedemonte araucano actúa, sobre todo, mediante milicias muy bien mimetizadas y dispersas, lo que dificulta más el encontrarlas y combatirlas. Es posible que las capacidades militares que se construyeron para combatir a las Farc no sean tan útiles en el caso del Eln. Este trabajo de conocer y entender al Eln para poder combatirlo es arduo y toca hacerlo sobre la marcha, pues su actuar criminal no da tregua. Pero hay que hacerlo, si algún día esperamos ponerle fin.

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