Acostumbrados a la falta de luz, los cubanos celebran el «alumbrón»

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Si en Cuba no existen elecciones, como ya está claro que tampoco existen en Venezuela, ¿por qué plantearse esa quimera?

Por lo general, un hogar cuenta con el mínimo de artefactos: una nevera, un televisor, una plancha, un ventilador y dos o tres bombillos para alumbrase


 

Ana Díaz / El Nacional (Venezuela) – 05/02/10

El Gobierno de Cuba corta la luz a su población apagando simplemente la pequeña planta termoeléctrica que surte a una zona urbana o rural. Expertos venezolanos advierten que con el sistema de generación distribuida, la isla puede aplicar el esquema de racionamiento sin los inconvenientes de un sistema eléctrico interconectado como el de Venezuela.

Guillermo Ovalles, asesor energético de Fedecámaras, alertó que Ramiro Valdés, que encabeza la misión de asesores cubanos para atender la crisis eléctrica nacional, es «experto en aplicar ese cruel racionamiento al pueblo cubano».

El racionamiento es parte de su vida cotidiana de los cubanos, a los que el Estado les presta un pésimo servicio, señala Ovalles. Por lo general, un hogar cuenta con el mínimo de artefactos: una nevera, un televisor, una plancha, un ventilador y dos o tres bombillos para alumbrase.

El consumo que en las crisis económicas el Gobierno de la isla ha calificado de derroche de una familia es de 895 vatios por hora, si la planta que le surte la electricidad está encendida, lo cual los lleva a celebrar el «alumbrón».

El común de los 10 millones de cubanos no conoce la licuadora y hace los jugos con colador como las bisabuelas. La ropa se lava a mano y el aire acondicionado es inexistente. «Esa es la calidad de vida que quieren trasladar a Venezuela», dijeron cubanos residentes en Venezuela, que pidieron no citar sus nombres.

El régimen de la isla le recuerda a la población hasta el cansancio que el Estado le regala la electricidad, por lo que tiene la facultad de interrumpir el servicio con el argumento de la seguridad nacional y el deber de hacer sacrificios para defender la revolución.

Pero en Venezuela, una escena frecuente en las tiendas de electrodomésticos es ver a los médicos y otros asesores cubanos comprando artefactos para dotar sus desabastecidos hogares.

Ovalles advierte que el rezago tecnológico de las plantas termoeléctricas que Venezuela compra a Cuba impide que operen a 100% de su capacidad. «Es inexacto el anuncio del presidente Chávez de que la generación distribuida aporta al sistema eléctrico nacional 636 megavatios», dijo en una rueda convocada por el Colegio de Ingenieros de Venezuela. Ovalles señaló que el parque de pequeñas plantas instaladas hasta la fecha aporta 381,6 Mw, lo que está lejos de cubrir el déficit de 1.660 Mw existente en el país entre la oferta y la demanda.

Ovalles ­-que también trabajó en Cadafe- reclama al presidente Chávez su alta dependencia ideológica de Cuba y el empecinamiento de comprarle equipos obsoletos. «En el mercado internacional hay plantas térmicas nuevas con mayor capacidad (70 Mw por unidad), mucho más eficientes, pero el Gobierno se empeña en privilegiar las miniplantas compradas a La Habana», destacó.

Víctor Poleo, ex director de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, expresó que las plantas enviadas por Cuba son repotenciadas y tienen 2 y 3 años de uso. Alertó que para la isla «es un gran negocio», pues cobra 4,8 millardos de dólares por instalar 2.000 Mw de generación distribuida. A través del acuerdo bilateral de cooperación energética, Cuba ha instalado más de 40 grupos electrógenos -con capacidad de entre 15 y 30 Mw- compuestos por varias miniplantas de 3 a 5 Mw de potencia, cada unidad.

Poleo y Ovalles insisten en que la generación distribuida es incompatible con el sistema eléctrico interconectado venezolano, cuya tecnología es mucho más avanzada.


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