Gobierno y opositores le temen ¿Por qué?

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Así como la historia comenzó, probablemente así va a terminar, con dignidad, esa virtud tan exótica en política y una rara avis en la historia política de nuestro país. Este es el caso del general Raúl Isaías Baduel.

En determinadas circunstancias algunos políticos opositores se sienten más cómodos cuando un rival aliado está en la cárcel. Con frecuencia los autócratas le temen más a un líder en prisión que a un opositor en plena libertad. Mandela demostró que la carrera a la presidencia desde la prisión es más larga, pero mucho más digna


 

Orlando Ochoa Terán / Venergia.org (venezuela) – 07/09/2020

Cuando el granuja de Pedro Carmona apareció en Miraflores con el doble rol de presidente y polichinela de Gustavo Cisneros, Venezuela devino por dos días en una subsidiaria de la Organización Cisneros. Bajo estas condiciones Carmona firmó un memo (o decreto, daba igual) mediante el cual removía a todos los representantes de los poderes públicos como si acabara de firmar una merger & acquisition con la corporación Venezuela, que de inmediato fue agregada al circuito empresarial de la Organización Cisneros.

Concejales, gobernadores, diputados, magistrados y, por supuesto, el maluco de Hugo Chávez, perdieron sus posiciones para los cuales habían sido electos en elecciones sancionadas por los venezolanos todos los partidos políticos. Cisneros los desalojó a todos de sus cargos con el alborozo “democrático” de la oposición formal que entonces la llamaban “coordinadora”.

Mientras tanto la nueva Junta Directiva del conglomerado Cisneros se tomaba su tiempo en decidir qué hacer con el comandante Chávez. ¿Desaparecerlo de este mundo? ¿Envolverlo y devolverlo a Cuba? ¿Hacerlo prisionero per sécula seculorum? No estaba incluido dentro de los sesudos planes del conglomerado Cisneros el destino de Chávez quien, entretanto lo ruleteaban por distintas bases militares hasta finalmente depositarlo en La Orchila, mientras Cisneros decidía qué hacer con esa papa caliente.

Ante tal indecisión, el general Baduel se adelantó y los tomó por sorpresa. Rescató a Chávez de La Orchila, y restituyó el orden constitucional alterado por estos mercachifles, restableció al legítimo presidente en el lugar donde el pueblo lo había elegido al igual que gobernadores, magistrados y concejales. Diosdado se despojó de su disfraz de enfermera y poco a poco otros ministros y altos funcionarios fueron saliendo de sus escondites para declarar su fe inalterable en el comandante.

Sólo Baduel tuvo la osadía de decir que no lo había hecho por nadie en particular sino por el deber constitucional de reparar la violación a la Constitución. Por un tiempo Baduel fue un héroe para los gobierneros y una especie de monstruo para opositores quienes, pese a la corta interrupción constitucional añoraban a la corporación Venezuela en el organigrama de la Organización Cisneros.

Mientras tanto Chávez, el principal beneficiario de la acción Baduel, esperó lo suficiente para comprobar que Baduel no era como Diosdado, quien comparaba el dedo de Chávez con el de Dios de la Capilla Sixtina o el Maduro que lloraba a moco tendido cuando a Chávez le daba gripe. La insolencia de Baduel debía ser castigada. Chávez no podía soportar deberle la vida a alguien tan insolente de asegurar que la prioridad fue el orden constitucional. A su tiempo arman un proceso con testigos del DIM, seleccionados por El Pollo y es condenado a prisión con el silencio cómplice, la conformidad o el regocijo de los líderes de la nueva oposición seducida por el avispado de Chávez y juntos proclaman una nueva era: ¡Dialogamos o nos matamos!

Así gritaron al unísono Henry Ramos, Eduardo Fernández y Claudio Fermín, para quienes se les abrió una nueva face opositora donde se arrastrarían, pero generoso el Chávez, les permitiría hacerles creer a la población que negocian de rodillas. Si todos estos monigotes de la oposición, debió haber pensado Chávez, se arrastraron ante el Pedrito Carmona y el tío rico Cisneros ¿por qué no ante un comandante con más poder? Así fue.

Los años transcurrieron, nació la MUD y todo seguiría igual. Elecciones manipuladas, abstenciones, diálogos, vuelta a elecciones manipuladas, vuelta al diálogo. Ni  siquiera la muerte del comandante eterno interrumpió este tango de gobierno y oposición. Así llegamos al 2019 cuando surge Guaidó, casi como un milagro, y así lo ve Donald Trump, presidente de EEUU, para su propio beneficio. Lo mejor de todo era que el beneficio personal de Trump, coincidía, de carambola, con la mejor opción de la oposición venezolana para unirse detrás de un líder que, si bien no es el Mesías, lo respalda EEUU con otras 49 naciones.

Chávez no podía soportar deberle la vida a alguien tan insolente de asegurar que la prioridad fue el orden constitucional.

En seguimiento de una cultura muy venezolana, cada líder de cada una de la docena de faccioncitas, se siente con derecho de gritar «o todo o nada» mientras se encierran en un cuarto obscuro armados de cuchillos. Tienen 20 años negociando o aceptando la pandilla de criminales más notorios de la historia del continente pero no pueden soportar la idea de que Gauidó aún no ha destronado a Maduro. Esa promesa también la hizo el mitómano de Trump con un contingente de tropa de más de un millón de hombres, pero la idea de molestar a Putin se le agua el guarapo.

La “omisión” Baduel

Visto en retrospectiva el general Baduel hizo algo mucho más importante que lo descrito, excepcional diríamos, si consideramos nuestra tumultuosa historia política. Mejor dicho, no fue lo que hizo sino lo que dejó de hacer: ¡Tomar el poder! En ese momento el poder en Venezuela estaba en el suelo, bastaba con recogerlo. Baduel tenía bajo su mando las unidades con el mayor poder de fuego de la FAN, la IV división de blindados, la brigada de paracaidistas y la Infantería de la Marina. Si en vez de dirigirse a La Orchila a rescatar a Chávez, se hubiese dirigido a Miraflores habría recogido el poder del suelo donde Carmona lo había dejado en su apresurada carrera por las cañerías de Miraflores. Sin disparar un tiro. La historia hubiese sido otra si alguien le hubiera advertido a Baduel el nido de alacranes en el cual se encontraría.

Este gesto, como lo llamen, democrático, institucional, de desprendimiento, inconcebible en nuestra zona tórrida, ha sido condenado y maldecido por el gobierno y opositores hipócritas, que nos han hecho pagar a todos los venezolanos esta pesadilla colectiva; y al general Raúl Baduel más de 10 años de prisión y unos cuantos años para dos de sus hijos junto con el infierno en vida para toda su familia. “De esos polvos vienen estos vientos”.

Pasado años de encierro de Baduel, Chávez quiso indultarle la pena. El “indulto” es técnicamente un perdón por un delito cometido. Baduel no lo aceptó porque habría sido admitir el delito que Chávez usó como excusa para privarlo de libertad. ¿Dónde se ha visto tanta dignidad en estos 20 años de cobardías, traiciones y complicidades?

Rechazarle el indulto exacerbó el odio en Chávez y las penurias de Baduel se intensificaron. Siempre ha sido así. Los verdugos terminan con el alma raída por el odio al comprobar lo infinitamente pequeños que son frente a un gigante que desde su lóbrega celda exuda dignidad, mucha dignidad. Maduro informado que, en Ramo Verde, una prisión cuyos custodios son militares, aún le ofrecían al general Baduel el saludo militar, temeroso ordenó trasladarlo a la celda que llaman La Tumba, por su incomunicación y falta de luz. Los romanos llamaban ese elemento que emana de un hombre recio, autoritas.

¿En virtud de estas ejecutorias es Raúl Isaías Baduel un héroe? No en Venezuela. En la Alemania de Hitler, un coronel de nombre Claus von Stauffenberg, leal al Führer desde antes de su ascenso al poder en 1933, harto de sus injusticias, en junio de 1943 orquestó un fallido complot para asesinar a Hitler. El Ministerio de Defensa alemán de la post guerra le levantó una estatua en su patio principal. En un hipotético gobierno post bolivariano de oposición la estatua se la levantarían a Gustavo Cisneros. Quiso “salvar a la patria” incorporándola a sus libros contables.

Si en vez de dirigirse a La Orchila a rescatar a Chávez, se hubiese dirigido a Miraflores habría recogido el poder del suelo donde Carmona lo había dejado en su apresurada carrera por las cañerías de Miraflores.

¿Hemos aprendido la lección? Difícilmente. Después de estas trapisondas de empresarios jugando con el poder para hacerse más ricos pasamos a la era de ¡dialogamos o nos matamos!  Cisneros siguió haciendo negocios con el gobierno aprovechándose del complejo de Chávez por sus orígenes pobres. Chávez nunca estuvo satisfecho con el poder acumulado y quiso hacerse rico sin parecer ladrón, una noción muy capitalista.

Esta ficción de ser rico pero parecer pobre se la desmontó Baduel quien, irreverente, le hacía saber a oficiales cercanos al “honesto” comandante de los pobres que, en sus primeros encuentros con Vladimir Putin, este, que lo tenía medido de cuerpo entero, sin consultarle le entregó directamente dos maletas con $10 millones de dólares cada una. Era la comisión negociada en apariencia para García Carneiro, relacionada con la compra de los miles de fusiles Kalashnikov. Putin sabía que Chávez pretendía no saber nada pero viajó de vuelta con dos maltas adicionales. Chávez quiso arrastrar a Baduel a su propio nivel. No pudo.

Después de liberar a 130 presos políticos, Maduro aún mantiene a Raúl Baduel en prisión. Nada raro, le corren corrientes heladas por el espinazo de sólo pensar que está libre ¿Cuánto tiempo más tiene que estar preso Raúl Isaías Baduel?

Muy probablemente hasta que el gobierno y la oposición cesen de temerle o el pueblo venezolano aprenda a distinguir entre mequetrefes políticos y hombres recios con dignidad.

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