Hugo contra Carvajal

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Las llaves de su calabozo reposan en el bolsillo de su conciencia.

Carvajal sirvió de manera personal a un jefe, sin importar los daños derivados y caminando aún en el cortejo fúnebre hasta lo más profundo de la tumba de Hugo Chávez, en donde sea que esté enterrado


 

Antonio Guevara / Venergia.org / 15-12-2019

Estoy tratando de escribir una biografía. Tal como van las cosas, no creo que la termine y la
abandone a mitad de camino. Hugo contra Carvajal es un texto que recoge la encrucijada de un hombre. Un verdadero dilema existencial para un hombre que sirvió con lealtad personal a otro hombre, durante mucho tiempo. Cuando la lealtad es íntima y está montada sobre un agradecimiento también personal, lo emocional es privativo. La gratitud del corazón domina como cuando el amor es correspondido en una relación entre un hombre y una mujer. Las comarcas de ese agradecimiento están claramente definidas. Precisas. Son límites privados que recogen confidencias bilaterales, secretos recíprocos que se mueven en la conciencia y reservas bien estrechas que se mantienen en lo más recóndito de la memoria inmediata, luchando contra una realidad externa. Precisamente la realidad de otras conciencias que quedan y no se gobiernan y que emiten juicios severos. Tanto como para enviarte al basurero de la historia. Así de implacable es la historia. Sin embargo, antes de montarte en ese cadalso, ésta te deja opciones. Tú decides. Solo tú en la intimidad de lo que debes descargar. La conciencia de los hijos, del resto de la familia, de sus amigos, de sus compatriotas y la conciencia plena de un país te empuja. Todos por encima de la lealtad personal que aún se debe, a un sujeto que ya murió y cuyo daño conocido a la fecha, se traslada a varias generaciones de venezolanos. Y… el sujeto de su lealtad, ya murió.

El drama de Hugo contra Carvajal, es la influencia de Hugo Chávez sobre Hugo Carvajal que es lo mismo que decir, la autoridad que aquél aún mantiene sobre éste, a pesar de la realidad destructiva sobre un país, de la política pública que se aplicó para destruir una sociedad, para convertir en polvo cósmico la unidad de una nación y diluir el futuro de sus compatriotas, que se expresa en la pérdida de libertades, en la mengua de la soberanía, la desaparición del estado de derecho y la entronización de morbos globales como la corrupción, el terrorismo, el narcotráfico y las graves violaciones a los derechos humanos. Lo que obligó a casi 5 millones de venezolanos a generar una diáspora hacia el mundo, que ilustra la grave crisis humanitaria que asedia a sus compatriotas.

Hugo Carvajal es hoy parte de esa diáspora. Hugo contra Carvajal es también la influencia de Hugo Carvajal sobre Hugo Chávez. Durante diez años aquel manejó el sistema de inteligencia de la revolución bolivariana. Por las manos de aquél pasó toda la vida, obra y milagros de los 30 millones de venezolanos. Sobre su escritorio reposaron miles de expedientes con las historias de los aspirantes a ingresar al gabinete ejecutivo y las de quienes ya estaban. Los perfiles de los dirigentes opositores y en general de todos. Datos relacionados con corrupción, desviaciones personales, negocios ilícitos, la vida sexual de tantos, y todo tipo de información que pudiera servir de chantaje a los amigos de la revolución y a sus enemigos, deben formar parte de los abultados expedientes que atesora celosamente Hugo Carvajal. En ese inventario también están las confidencias de Hugo Chávez. Desde las públicas hasta las privadas. Aquellas no le pesan tanto en la conciencia de Hugo Carvajal, como las secretas e íntimas de su jefe. Sobre todo, las que se arriman a las cuatro paredes de su habitación en Miraflores y otros lugares exquisitos y reservados a la alta magistratura de su cargo, por donde pasaron hombres y mujeres para sesiones de corrupción, de sexo y de brujería, sin ningún tipo de límites y con todo tipo de depravaciones.

Ese dilema de qué hacer con esa información, es el que atormenta a Hugo Carvajal, estando cómo está a las puertas de la cárcel en España y dentro de la presión y prisión de su propia conciencia, frente a él, frente a sus hijos, frente a sus amigos, frente a sus familiares y frente a la sociedad venezolana que juró en algún momento defender frente a una bandera tricolor que cada día se desgasta más, ante las vergüenzas políticas de los revolucionarios que aún se aferran a un legado de ignominia y afrenta a la nacionalidad.

Es Hugo contra Carvajal.

¿Qué hacer?

Así funcionan los hombres que manejan información. Cuando uno lee las biografías que se han escrito sobre J. Edgar Hoover y trasciende en las conclusiones de cómo pudo sobrevivir en el tiempo, al cargo de director del FBI a 8 presidentes norteamericanos, la imaginación se proyecta siempre hacia el peso y el valor de una información cuyo registro, evaluación e interpretación, apriete las teclas con sentido de oportunidad, de pertinencia y de oportunidad para contribuir al engrandecimiento de una nación, por encima de sus propias vulnerabilidades personales y las miserias de sus jefes. La diferencia entre J. Edgar Hoover y Hugo Carvajal es que aquél estuvo en la acera del combate frontal al comunismo durante la época crítica de la guerra fría sirviendo a la constitución, a su país, a la sociedad norteamericana, a su familia y a un estilo de vida, y éste sirvió de manera personal a un jefe, sin importar los daños derivados y caminando aún en el cortejo fúnebre hasta lo más profundo de la tumba de Hugo Chávez, en donde sea que esté enterrado. 

A Hoover le levantaron en homenaje institucional un edificio imponente, la sede del FBI en el 935 Penssylvania Ave NW de Washington DC 20535 tiene una placa con su nombre en el que exterioriza el reconocimiento nacional e institucional a su trayectoria. Con Hugo Carvajal la posibilidad de permanecer preso de manera perpetua en el edificio de una institución correccional norteamericana, global o en el edificio de su conciencia, le perseguirá mientras no termine de aclarar todas las sindicaciones que se han arrastrado desde los tiempos en vida de Hugo Chávez y que se han intensificado desde su ruptura con el gobierno de Nicolás Maduro. Tiene una oportunidad de oro en sus manos. De él depende su futuro y es posible que del régimen. De él depende el edificio que lo alojará y le registrará su historia como ciudadano de un país que fue, antes de la llegada de la revolución, que lo fue… Venezuela.

Esta es una biografía no autorizada

Conozco a Hugo Carvajal desde sus tiempos de Mayor en el año 1994. Sin conocerlo integralmente se me presentó en San Felipe, estado Yaracuy, donde yo ejercía como Comandante del 132 Batallón de Infantería José Antonio Páez y Comandante de la guarnición militar de Yaracuy. Hasta allí fue a pedirme ayuda profesional. Venía aporreado y perseguido por su historia de participación en los sucesos del 4 de febrero. Se sentía perseguido y acosado, y se estaba dando una última oportunidad profesional. Me pidió trabajar conmigo y lo solicité como segundo comandante a contravía de mi jefe, el comandante de la brigada en Barquisimeto. Durante un año lo tuve como segundo de a bordo sin ningún tipo de fracturas ni esguinces profesionales. Fue un oficial normal. Luego trabajó conmigo como oficial de administración y logística durante un año, mientras fui comandante del 82 regimiento de apoyo logístico Carreño. Mi último cargo operativo en la fuerza armada nacional. Fue la época de las elecciones que ganó Hugo Chávez el 6 de diciembre de 1998. Hasta allí tuve con él un contacto directo. De allí se fue directo a trabajar con la revolución.

Si se me pidiera hacer un perfil personal y profesional de Hugo Carvajal lo haría con la exactitud de su sicólogo y la precisión de una observación directa. Lo califiqué en 4 oportunidades semestrales. Quienes han tenido la oportunidad de comandar unidades en la institución armada saben lo que significa llevar un registro pormenorizado de un profesional. Como habla, como escribe, como se comporta socialmente, sus aptitudes físicas, sus valores y sus principios, sus soportes morales, sus resortes emocionales cuando
es sometido a presión, sus descompensaciones bajo estrés, sus potenciales académicos, sus fortalezas y sus debilidades.

“Leal por encima de su propia seguridad personal.
Discreto y
reservado. Lacónico y limitado en su comunicación.
Acepta sus
responsabilidades y las enfrenta”

Recuerdo haberlo descrito así, en la casilla conceptual de su calificación de servicios semestrales, en una oportunidad. Yo espero que, en esta coyuntura, enfrente esta responsabilidad que tiene de cara a la historia política del país.

No le perdí la pista después de su ingreso a la revolución. Cada decisión política del alto gobierno encabezado por el comandante, cada locura revolucionaria, estaba respaldada por el estrecho seguimiento a las informaciones procesadas y las conclusiones derivadas en el librito que ilustra el ciclo de inteligencia. Para eso se necesitaba alguien con un perfil personal y profesional específico. Nunca una designación había sido tan precisa y acertada como cuando se designó a Hugo Carvajal como responsable de la inteligencia y la seguridad del estado. Discreto, prudente, más oídos que lengua y siempre detrás de las cortinas. Reservado como el que más, con serias limitaciones para comunicarse oralmente. Los monosílabos y las interjecciones son sus desarrollos de conversación más largos. Lo que lo hace inabordable, inaccesible y difícil en la interlocución. Y Hugo Carvajal encajaba. Nada fue casual. Cuando Hugo Chávez lo designó para ocupar el más alto cargo en la refinada y pulida maquinaria de inteligencia del régimen, proyecté hasta donde el comandante le iba exprimir en lealtad personal todas las exigencias dentro del cargo, especialmente aquellas violatorias de la constitución y las que pisan la moral personal y la ética de las sociedades. Esas que avergüenzan en la intimidad de la almohada y en la soledad de la habitación, cuando el poder se ha evaporado y solo queda el apoyo del entorno familiar por encima de los estigmas políticos, las llagas del narcotráfico, las purulencias de la corrupción, las costras del terrorismo y las heridas aún sangrantes de las graves violaciones a los derechos humanos que alienta el régimen de Nicolás Maduro, aún, como legado del de Hugo Chávez, que es lo mismo. Por el momento, Hugo Carvajal es prisionero de su propia lealtad y su carcelero es Hugo Chávez. Las llaves de su calabozo reposan en el bolsillo de su conciencia.

La última vez que yo hablé personalmente con Hugo Carvajal fue en diciembre de 1998. Después del triunfo electoral de Hugo Chávez, los destinos profesionales de ambos estaban marcados por la revolución y tomaron caminos diferentes. Él, tenía abierto el camino de montarse en el proyecto que se iniciaba y yo, cerraba toda posibilidad de ejercicio operacional. Prácticamente culminaba mi carrera y toda posibilidad de promoción. Y ambos, nos ubicamos en aceras institucionales opuestas.

Un amigo común sirvió de enlace en esta oportunidad. Hubo el contacto e intercambiamos. Siempre vía del intermediario. Y a través de WhatsApp. El general estaba interesado en comprar el libro que publiqué titulado El enigma pendiente. Las claves de una conspiración. Su interés lo focalizaba en el capítulo de Nicolás Maduro y su participación en el secuestro de William Frank Niehous en 1976. Yo aproveché por interés y motivación de escribidor y por el atractivo de las historias que atesora Carvajal, en tratar de sacarle la mayor cantidad de información posible. Fracasé. Fue exageradamente cerrado y lacónico, tal cual su estilo y como hombre de inteligencia. Entre algunas cosas, señaló que el tema de la nacionalidad de Maduro no fue lo suficientemente investigado. Y, que había mucho margen para apuntar también a un origen cubano, además del relacionado con el colombiano. En eso de fabricar ciudadanías y agentes dobles, los cubanos se fueron por encima de sus maestros en la KGB soviética. En el último contacto que hicimos deslizó una preocupación personal. Su vida estaba corriendo un grave riesgo. Los chavistas originales querían matarlo, el madurismo encabezado por Nicolás quería desaparecerlo y dentro de la oposición tenía demasiado rechazo. De manera que el síndrome del Gocho Negro lo tenía arrinconado, y preocupado. Estar libre era un riesgo, y por paradójico que pareciera, su mejor opción eran los gringos y los calabozos de la DEA, en términos de vida. Esos días, eran de negociaciones políticas para formar gobierno en España, entre Pedro Sánchez e Pablo Iglesias, para generar una alianza de gobierno; este último aliado incondicional del chavismo y del madurismo.

Los secretos que atesora Hugo Carvajal, son una gran incomodidad para todo el mundo. Sus antiguos amigos del chavismo y del madurismo, no quieren que los ventile (entre ellos, gente de la misma oposición), los demócratas están ganados para que toda esa miasma que surgió desde los tiempos de Hugo Chávez y continuó con Nicolás Maduro sean difundidos ante la justicia y conocidos al detalle por la opinión pública. Es una excelente manera de conocer desde adentro las miserias de lo que vendió políticamente Hugo Chávez. En ambos casos, la muerte y la vida del general Carvajal son la garantía. 

Una de las confidencias que deslizó Carvajal, cuando le dije como estaba garantizándose que esa información no se perdiera, apuntó a la existencia de 3 personas, dos en USA con toda la información sensible en mano. Sin conocerse entre ellas, tienen instrucciones precisas de qué hacer en caso de alguna contingencia personal que le ocurra. La tercera persona no quiso dar detalles.

Como decíamos, Carvajal es un testigo clave. Tiene detalles de secretos como las alianzas políticas y militares con Cuba, China, Rusia, Irán y el terrorismo islámico. Los traslados de minerales estratégicos y cocaína en navíos de la armada, la presencia de la guerrilla colombiana en Venezuela en todos los detalles, la riqueza de la familia Chávez y su entorno y toda la claque política de su entorno, los nombres exactos de los capos militares de la droga, las vinculaciones de negocios de un sector opositor con la revolución, las aventuras sexuales del comandante que pondrían a temblar a un sector de la sociedad caraqueña y las interioridades de la enfermedad y muerte del centauro barinés. Como lo ven todo eso puede alargar el tentáculo de cualquiera de sus enemigos.

Al final, Sánchez e Iglesias en España llegaron a un acuerdo político de gobierno y sus cercanías con el gobierno de Maduro se terminaron de estrechar. En esos días, el tribunal que conocía de la solicitud de extradición de Carvajal, le revocó la medida de libertad vigilada y aprobó su extradición. Al día siguiente El Pollo desapareció y voló misteriosamente. Hasta el sol de hoy. Un hombre misterioso tiene derecho a ejercer su misterio, pero… en las circunstancias que lo rodean disparan todo género de especulaciones. Desde un secuestro para arriba. Y a partir de allí sacar las cuentas de a quien le conviene vivo y a quien muerto.

Como decía inicialmente, conozco personal y profesionalmente a Hugo Carvajal, lo suficiente como para decir que no tiene vocación hacia el suicidio con toda la carga de esa información que posee. Con ninguna carga realmente.

Ahora bien, ¿Qué hacer con toda esa información? A ese dilema, con el Hugo Chávez muerto, es al que se enfrenta el Hugo Carvajal vivo, si lo dejan vivo.
¿Quién está sobre quién? Ese es el texto de Hugo contra Carvajal. Una biografía política no autorizada.

Ámsterdam, 19 de noviembre de 2019


Nota: Antonio Guevara es analista de Seguridad y Defensa y es autor del libro “El enigma pendiente las claves de una conspiración.”

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