La desvergüenza de Rafael Ramírez Carreño

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El trío Calaveras. En la mejor tradición cínica de la escuela castro-cubana,  Ramírez Carreño se autodenomina patriota, defensor del país y de su supremo interés.

Ramírez no está conforme con estar libre. Él desea estar al mando en Venezuela y, para lograrlo, promueve  lo que llama el “chavismo originario”, alegando ser el heredero legítimo del fallecido paracaidista


 

Gustavo Coronel / Las Armas de Coronel (Venezuela) – 04/06/2022

Rafael Ramírez es uno de los cabecillas de la sub-pandilla chavista enfrentada a la sub- pandilla de Nicolás Maduro. Un interminable escrito enviado a Aporrea por Rafael Ramírez, ver: Entregan PDVSA para salvar a Erick Malpica, ilustra la trampa-jaula psicológica en la cual se han metido los chavistas desplazados por Maduro tratando de justificar su pugna por el poder.  No se trata de una confrontación de principios, sino de un par de borrachos peleando por una botella que aún contiene restos de la riqueza mineral venezolana.

Hasta ahora Rafael Ramírez ha estado perdiendo la trifulca inter-pandillas. Fue expulsado de Venezuela y del poder por la mafia de Maduro Moros-Padrino López, pero se consuela viviendo en Italia, contando sus «ahorros»,  como el Rico McPato.

Aunque muchos de sus cómplices ya han sido apresados o indiciados, incluyendo familiares cercanos y ex-funcionarios que obedecían sus órdenes en el ministerio de Energía y Petróleo y PDVSA, él se ha mantenido hasta ahora en libertad. Solo los oligarcas con mucho dinero, los de Putin o de Chávez, pueden pagar abogados y sobornar funcionarios a fin de mantenerse fuera de la cárcel.

Sin embargo, Ramírez no está conforme con estar libre. Él desea estar al mando en Venezuela y, para lograrlo, promueve  lo que llama el “chavismo originario”, alegando ser el heredero legítimo del fallecido paracaidista.

Para sembrar esta leyenda entre el pueblo, Ramírez pugna por demostrar que Chávez fue el bueno. La narrativa consiste en venderle al país que Chávez fue asesinado por la CIA y remplazado por un líder miserable, inculto y cursi, quien ha procedido a destruir todas las políticas sociales armadas por Chávez. Desprestigiar a Maduro ha sido muy fácil, pero rehabilitar a Chávez no lo es.

La campaña promueve la nostalgia por Chávez y su retorno al poder, encarnado por Rafael Ramírez. Controla una parcela de opinión en Aporrea, el órgano chavista–madurista de mayor influencia en el país, con una media docena de reclutas “por amor” y donde Ramírez publica sus interminables ladrillos.

¿Y qué nos dice el más reciente?

Algunos extractos:

  1. Ramírez critica la exigencia de Maduro de obtener el levantamiento de las sanciones estadounidenses contra Erick Malpica, el sobrino de Cilia Flores y uno de los mayores ladrones del chavismo-madurismo, diciendo que Malpica es el hampón de confianza de Maduro, su “operador económico”.  Agrega que él –como vicepresidente del sector económico en 2013 y 2014-  se daba cuenta del robo que Malpica llevaba a cabo como tesorero. Y, sin embargo, ¡Nunca protestó!, el sinvergüenza se quedó callado. Recordemos que ya para esa fecha Ramírez tenía más de 10 años manejando los dineros de la nación desde PDVSA en relación estrecha con Chávez. Era cabeza de la mafia codiciosa.
  2. A pesar de conocer la situación de Malpica, Ramírez admite que le entregó a Maduro 40.000 millones de dólares. Lo cito: “Con un esfuerzo extraordinario de PDVSA, entregamos al gobierno 40.000 millones de dólares adicionales, para que, en el marco del Plan propuesto, pudiéramos defender nuestra moneda nacional, el Bolívar, del ataque del dólar paralelo”.
  3. Agrega Ramírez“Nosotros entregamos los 40 mil millones de dólares al Cencoex, bajo el control de Alejandro Fleming, y Maduro decidió directamente, junto a Erick Malpica y Fleming, a cuáles grupos privados y empresas se les pagaba la deuda y se les daba dólares preferenciales. No hubo ningún criterio racional, ni se revisaron los montos, ni las prioridades. Se le otorgaron los dólares de la República a los grupos de poder, los nuevos –emergentes del madurismo– y los tradicionales. ¡Fue un desastre! Los grupos de interés del madurismo se apropiaron de estos recursos extraordinarios, y las consecuencias las sufrimos todos los venezolanos”. El desvergonzado Ramírez admite que, sabiendo quienes eran Malpica, Maduro y Fleming, les dio esos 40.000 millones de dólares. ¿Fue o no un vulgar cómplice del saqueo?
  1. Junto con Maduro, Ramírez Carreño intentó vender a CITGO y obtener por la empresa la imposible suma de 14.000 millones de dólares, los cuales hubieran corrido la misma suerte de los cuarenta mil millones arriba mencionados.

A pesar de su sumiso silencio, Ramírez comenzó a ser enviado de una posición a otra: lo botaron como vicepresidente de la Economía, como presidente de PDVSA, como canciller y, finalmente, como embajador ante la ONU.

Pero permaneció aferrado a la teta hasta el último minuto. Malpica fue nombrado director de finanzas de PDVSA, a la vez que tesorero de la Nación, extrayendo los dineros de los fondos financieros paralelos, incluyendo el de los empleados. Y Ramírez no renunció.

Según Ramírez, esos fondos fueron dilapidados. Sin embargo, esa no parecía ser la preocupación de Ramírez. Existe un memorándum de Ramírez a Chávez en el cual él se congratula con Chávez porque tienen control de un fondo multimillonario en dólares, el Fondo Chino, al cual solo ellos pueden acceder, sin darle cuenta a nadie. Según nos dice el blog de Miguel Octavio, unos $40.000 millones de ese fondo desaparecieron.

Dice Ramírez en Aporrea: “Todo el Chavismo, los militares y el gobierno sabían lo que pasaba y lo que pasa, en relación al poder que este y otros personajes del entorno de Miraflores, pero nadie se atreve a decir nada, no vaya a terminar preso acusado de cualquier cosa por Maduro o el Fiscal Tareck Williams Saab”.

¿Cómo acusa, si él tampoco dijo nada?

En su perorata, Ramírez Carreño se atreve a decir: “Para nosotros, los venezolanos, los patriotas… lo que debe importar… es el interés supremo de la patria, de nuestro pueblo, del futuro de todos”.

En la mejor tradición cínica de la escuela castro-cubana,  Ramírez Carreño se autodenomina patriota, defensor del país y de su supremo interés. Pero la evidencia sobre sus manejos turbios, documentados en el libro: “Quien destruyó a PDVSA”, obtenible en Amazon, demuestra la necesidad de su enjuiciamiento.

Seguiremos informando.

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