La película de la Operación Gedeón: el nuevo lío en Venezuela en medio de la pandemia

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Nicolás Maduro (ariba, izq.), jefe del régimen venezolano, señala a Colombia y a Estados Unidos de orquestar una incursión marítima, algo que ambas naciones niegan. Capturados en la incursión trabajarían para Silvercorp, empresa que tuvo un contrato con el asesor político J. J. Rendón (abajo der.).EFE.

Si las armas habían caído en Colombia en marzo, ¿por qué se insistió en una acción armada un mes después, cuando el gobierno Maduro estaba advertido por los fusiles decomisados?


 

Redacción Judicial / El Espectador (Colombia) – 07/05/2020

En un mes, cae un arsenal cerca a Santa Marta que Nicolás Maduro denuncia como parte de un plan contra su gobierno. Estados Unidos replica con un plan de millonarias recompensas incluyendo a Maduro. Un exoficial venezolano que sale en la lista dice que las armas decomisadas eran para él y luego se entrega a la DEA. Y el 3 de mayo arranca el capítulo de la Operación Gedeón.

En la noche del lunes 23 de marzo, entre Barranquilla y Santa Marta, en un puesto de registro de la Policía cayó un arsenal que se transportaba en una camioneta blanca. 26 fusiles AR15 y otros elementos de guerra. Al ser interrogado el conductor del vehículo se limitó a decir que su labor era entregar ese armamento en Riohacha a un desconocido llamado Pantera. La noticia se supo el día 25 y se rumoró que esas armas iban para una banda criminal en la Guajira. Pero desde Caracas, el presidente Nicolás Maduro salió a decir que esos fusiles eran para atacar en su país.

Sin tiempo para el escándalo, al día siguiente, desde Estados Unidos, el fiscal William Barr anunció una recompensa de US$15 millones por la captura del presidente Nicolás Maduro con cargos de narcotráfico y terrorismo. Además, incluyó en la lista al presidente de la Asamblea Diosdado Cabello, el presidente del Tribunal Supremo de Justicia Maikel Moreno, el ministro de Defensa Vladimir Padrino, y el ministro de Industrias Tareck El Aissami. Estados Unidos insistió en el Cartel de Los Soles y fueron vinculados los exjefes de las Farc Iván Márquez y Jesús Santrich.

Hasta ahí todo parecía una jugada habitual del agitado ajedrez político y judicial entre Venezuela y Estados Unidos con dos escándalos a bordo. Pero súbitamente, uno de los incluidos en la lista de recompensas saltó al ruedo y le echó más cebo al candil. El exgeneral venezolano Clíver Alcalá, residenciado en Barranquilla, se declaró dispuesto a afrontar las acusaciones y aseguró que las armas decomisadas en Colombia eran para él. Además, añadió que Pantera era el capitán venezolano Robert Colina Ibarra y que esas armas eran parte de un plan para liberar a Venezuela.

A instancias de La W Radio, el exgeneral Alcalá incluso fue más allá y aseguró que esas armas habían caído porque seguramente había un infiltrado, pero que todo fue parte de un contrato suscrito por el presidente Juan Guaidó. Además, comprometió también al asesor político J.J Rendón.  Pero la sorpresa no se quedó únicamente en sus palabras. El viernes 27 de marzo, Cliver Alcalá entró en contacto con la Dirección de Inteligencia de la Policía y la DEA y, ese mismo día, sometido a la justicia norteamericana, unos agentes de este organismo lo trasladaron a Nueva York.

Todo pasó como un flash, pero quedó prendida la mecha de las armas decomisadas en Colombia, el plan de recompensas de Estados Unidos, y el rumor de que otro de los señalados, Hugo Carvajal, exjefe de inteligencia del gobierno Chávez, se iba a entregar. Entonces el interés quedó centrado en la relevancia de Alcalá en la redada de Washington y su entrega a la DEA, tratándose de un hombre que fue clave en la operación cívico militar que dirigió el general Raúl Isaías Baduel para restituir a Hugo Chávez al poder durante el fallido golpe de Estado en 2002.

Después entró en desgracia y, junto a sus mentores Henry Rangel Silva y Hugo Carvajal, en el año 2008 salió referenciado en una orden del Departamento del Tesoro de Estados Unidos para congelación de bienes y cuentas bancarias por supuesta ayuda a las Farc en narcotráfico. Era la misma época en que los computadores de Raúl Reyes causaban remezón político, y trascendió que el jefe guerrillero Iván Márquez reportó a Reyes de una reunión con Alcalá y Carvajal para acordar un plan de finanzas, armas y política en la frontera. En septiembre de 2011, Alcalá entró a la Lista Clinton.

Con Nicolás Maduro como presidente tras la muerte de Chávez, el general Alcalá perdió protagonismo y luego salió de las Fuerzas Armadas. Entonces se volvió incisivo crítico de Maduro, viajó a Colombia y se radicó con su familia en Barranquilla, apareciendo de vez en cuando en los medios para insistir en sus señalamientos. La sorpresa fue verlo incluido en la lista de recompensas junto a la plana mayor del poder en Venezuela. US$10 millones por él. Justo en el momento que salió a admitir que era el dueño de las armas decomisadas el 23 de marzo.

Empezaba la cuarentena casi mundial por el coronavirus, avanzaba abril y llegaban noticias alarmantes de Italia y España. La ola de la muerte golpeaba duro en Estados Unidos. Pero seguía en el aire el cuento de las armas decomisadas en Colombia, el plan de recompensas en Estados Unidos, la entrega a la DEA de Cliver Alcalá. Un capítulo que no se agotaba en el libreto de la pelea entre Washington y Venezuela, hasta que en la madrugada del pasado domingo 3 de mayo en el pueblo pesquero de Macuto, en el estado de La Guaira, se desencadenó la nueva secuencia.

Una balacera con ocho muertos y dos capturados que horas después, el ministro del Interior, Néstor Reverol, anunció al país como una reacción de las fuerzas de seguridad frente a una “incursión marítima de mercenarios procedentes de Colombia”. Reverol recalcó que la invasión marítima llevaba el nombre de Operación Gedeón y que pretendía promover actos de terrorismo, asesinatos de líderes y un nuevo intento de golpe de Estado. El presidente de la Asamblea Diosdado Cabello retomó el tema y acusó a los gobiernos de Estados Unidos y Colombia de estar involucrados.

Y en su larga disertación, fue Diosdado Cabello quien recordó al exgeneral Alcalá, lo tachó de narcotraficante, y lo regresó al libreto con otro dato importante: entre los dados de baja estaba Pantera, el que debía recibir las armas que cayeron llegando a Santa Marta y que Alcalá reivindicó como suyas antes de someterse a la DEAPantera resultó llamarse Robert Colina Ibarra, exoficial, y ahora circula en las redes un video suyo reivindicando la operación como uno de sus jefes. No es claro si está vivo o muerto porque el gobierno Maduro ha dado prioridad a los detenidos.

Poco a poco, trascienden sus identidades. De una segunda lancha que pretendía desembarcar en las costas de La Guaira, cayó el capitán Antonio Sequea Torres, comandante de la Operación Gedeón, que participó activamente en el levantamiento cívico militar que llevó a la liberación del dirigente político Leopoldo López. Y con él, su cuñado Fernando Noya, y Adolfo Baduel, hijo del exgeneral Raúl Isaías Baduel, exministro de Defensa de Chávez y después disidente. En la actualidad es uno de los principales opositores de Maduro, pero está condenado y preso desde 2009.

Hasta ahora son 16 detenidos, pero en el maremágnum informativo han pasado al segundo plano desde que circuló el video que puso todo patas arriba. El excapitán venezolano Javier Nieto Quintero apareció junto al norteamericano Jordan Goudreau para reivindicar la Operación Gedeón, instar a los oficiales de las Fuerzas Armadas de Venezuela a unirse y acabar con el gobierno Maduro. Pero Goudreau no se limitó a esta proclama, después aclaró que todo hacía parte de un contrato por US$212 millones, firmado con el presidente interino Juan Guaidó, el diputado Sergio Vergara y el estratega político J.J Rendón.

Jordan Goudreau, de 43 años, es un exmilitar de origen canadiense que participó en las guerras de Irak y Afganistán, y que luego de dejar el Ejército de Estados Unidos, constituyó en 2018 la empresa de seguridad y defensa Silvercorp USA. En octubre de 2018 prestó servicio de seguridad al presidente Donald Trump durante una visita a Houston (Texas). Según él mismo, sus conexiones con Venezuela surgieron a través del exgeneral Cliver Alcalá. Según anunció Jordan Goudreau, fallaron dos unidades de asalto en la Operación Gedeón, pero el resto de las unidades continúa esperando instrucciones.

Como era de esperarse, la mención de Juan Guaidó y de J.J Rendón en la Operación Gedeón, sumadas a los señalamientos de las autoridades de Venezuela contra los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, elevó la temperatura política. J.J Rendón aceptó que la firma en el contrato mostrada por Goudreau era la suya. Pero insistió que “fue un acuerdo preliminar que no llegó a hacerse efectivo”. Resaltó que el original era de 42 páginas y no de siete, con aspectos militares, jurídicos, financieros y diplomáticos de igual propósito: la captura y entrega a la justicia del gobierno Maduro.

Sobre Juan Guaidó, J.J Rendón sostuvo que de ninguna manera le dio aval al contrato y, en consecuencia, no firmó lo que mostró el norteamericano. Además, insistió en que de su bolsillo pagó US$50.000 para pagar los gastos del hombre de Silvercorp, pero que el acuerdo “no se firmó a espaldas de Guaidó, pero tampoco con su anuencia”. El comentario de Juan Guaidó fue más revelador: “Los esperaban para masacrarlos”, sin palabras de más, pero en la línea del infiltrado que reveló la operación. Es decir, lo mismo que dijo Alcalá cuando cayeron las armas en marzo.

Algo faltaba en el repertorio, y el gobierno Maduro se concentró en resaltarlo. Entre los detenidos había dos norteamericanos, exmiembros de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos, Luke Alexander Denman y Airan Berry. Al primero de ellos, le hicieron un video divulgado masivamente, en el cual aseguró que el 16 de enero de 2020 entró a Colombia, que viajó en automóvil hasta Riohacha (Guajira), allí recibieron instrucciones de un hombre en silla de ruedas, eran tres grupos de unos 70 hombres, y su objetivo era llevarse a Nicolás Maduro.

Descabellado, pero eso dijo en medio del alboroto de la Operación Gedeón, el no rotundo del gobierno colombiano respecto a cualquier intervención en la que J.J Rendón llamó “operación suicida e irresponsable”, y la declaración de ajenidad del gobierno de Estados Unidos. En medio de la coyuntura, Washington anunció a su nuevo embajador para Venezuela con despacho en Bogotá, James Story, que fue cónsul en Río de Janeiro, Director Antinarcóticos y aplicación de la ley en el hemisferio occidental y Colombia, y representante civil senior en el sureste de Afganistán.

Por ahora, la versión sin teorías de la conspiración es que fue una operación fallida de exmilitares y civiles de Venezuela, con apoyo de una compañía norteamericana de seguridad y defensa, que firmó un contrato en el que J.J Rendón aportó inicialmente US$50.000, y que el presidente Juan Guaidó no aprobó, ni nada supieron los gobiernos de Estados Unidos y Colombia. Pero hay un interrogante ineludible que flota: si las armas habían caído en Colombia en marzo, ¿por qué se insistió en una acción armada un mes después, cuando el gobierno Maduro estaba advertido por los fusiles decomisados?

Algo corresponde aclarar a las autoridades colombianas. La cadena desplegada para acopiar 26 fusiles y otros elementos de guerra en territorio nacional, descubiertos en un puesto de control de la Policía en marzo. Las actividades del exgeneral Clíver Alcalá desde que se asentó en Barranquilla hasta que se entregó a la DEA, recordando que él mismo declaró ser el dueño de esas armas que debía recibir su subordinado Pantera, declarado muerto en la Operación Gedeón. Y la historia de la casa de Riohacha, donde pernoctaron y fueron instruidos los suicidas del desembarco en La Guaira.

Desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump persistió en pocas frases en su decidida versión de que nada tiene que ver en el enredo. “Si yo quisiera ir a Venezuela no lo haría en secreto”. A renglón seguido, añadió: “sería llamando a un Ejército”. A su vez, el secretario de Estado, Mike Pompeo, declaró que harán lo posible para que los detenidos norteamericanos regresen. Se anuncian nuevas capturas en Puerto Cruz, en La Guaira, proceso judicial contra Juan Guaidó, y los micrófonos altisonantes amplifican las provocaciones. Es la extraña película de la Operación Gedeón crece al tiempo que la crisis del coronavirus.

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