Vuelve la trampa del revocatorio que Maduro usará para relegitimar su régimen

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Maduro esperaba este momento. Y está preparado por si “el pueblo recoge las firmas suficientes, porque será el pueblo el que decida y no un puñado de golpistas”.

Erik Del Bufalo, doctor en Filosofía, en entrevista con el PanAm Post asegura que remover a Nicolás Maduro por un revocatorio es una iniciativa estéril y agregó que «en Venezuela ya no hay política, sino pantomimas que tratan de mantener un aparato clientelar, nichos de partidos o intereses particulares»


 

Gabriela Moreno / PanAm Post (Latinoamérica) – 25/05/2021

La oposición en Venezuela pierde la memoria con facilidad. Por tercera vez, en dos décadas de chavismo, recurre a la fantasía de un referéndum revocatorio para intentar despojarlo del poder. Vencer es hipotético cuando el panorama que lo enmarca es una fotografía del pasado: un Consejo Nacional Electoral de origen ilegítimo, desconfianza social y división partidista.

Esta vez el impulso lo conduce el Movimiento Venezolano por el Revocatorio (Mover) dirigido el exgobernador del Táchira, César Pérez Vivas y constituido por distintas líneas políticas, gremiales, profesionales, académicos, dirigentes de la sociedad civil y dirigentes estudiantiles.

La solicitud está en la mesa del nuevo ente comicial designado recientemente por la Asamblea Nacional chavista para que el “pueblo venezolano pueda decidir su destino”, aseguró Pérez Vivas.

Sin embargo, el escepticismo está a la orden del día. El intento de revocatorio podría repetirse, pero esto también “se va a abortar en lo mismo de siempre”, porque “en Venezuela ya no hay política, sino pantomimas que tratan de mantener un aparato clientelar, nichos de partidos o intereses particulares”, argumenta Erik Del Bufalo, doctor en Filosofía de la Universidad de París-X, en entrevista con el PanAm Post.

Para el profesor de la Universidad Simón Bolívar, el intento de Mover “no va a ningún lado, solo buscar dar el efecto de que se hace algo, de que hay una dirección o camino y realmente no es nada. Es algo fantasmal”.

La trampa sin fondo

¿Hay condiciones para decidir en Venezuela? Por un lado, la llamada a referéndum está fundamentada en el artículo 72 de la Constitución donde se establece que todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario, un número no menor del 20 % de los electores inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referéndum para revocar su mandato.

Cuando igual o mayor número de electores que eligieron al funcionario votan a favor de la revocatoria se considerará revocado el mandato. A su vez, se procederá de inmediato a cubrir la falta absoluta.

En la Carta Magna parece un trámite sin complejidad. Ejecutarlo es el calvario. Ese lado está hoy Pérez Vivas dispuesto a transitarlo. El exgobernador del Táchira argumenta que la solicitud brota de la sociedad civil, pero omite que lo desenfunda en medio del debilitamiento de la figura del presidente interino Juan Guaidó, quien dejó a un lado su procura del “cese de la usurpación” para negociar con Maduro elecciones regionales.

En sentidos contrarios

El tiempo para Guaidó corre en contra. Estados Unidos le extendió el plazo para lograr la salida de Maduro hasta el 1 de diciembre. Frente a ello le toca servir sus últimas cartas, para una “transición”.

Pérez Vivas opta por el camino fangoso del revocatorio tomando como base que se cumple la mitad de un mandato —hasta ahora cuestionado por la ilegitimidad de los comicios de 2018— donde se le atribuyó a Maduro el 67% de los votos en unas elecciones presidenciales sin la participación de la oposición, cuyos resultados no fueron reconocidos por 60 países.

Maduro esperaba este momento. Y está preparado por si “el pueblo recoge las firmas suficientes, porque será el pueblo el que decida y no un puñado de golpistas”.

Iniciativas sin éxito

Intentar remover a los socialistas del poder por medio de un revocatorio sabe a pasado amargo. La odisea de la recolección de las firmas con su respectiva huella dactilar y número de cédula de 2004 está fresca.

La Coordinadora Democrática —coalición opositora de la época— hizo lo propio ya: instaló puntos en sitios públicos y desplegó voluntarios casa por casa en busca de las rúbricas.

Logró el objetivo, pero se frustró con tecnicismos del Consejo Nacional Electoral. El ente consideró que las 3.200.000 firmas se recolectaron antes de la fecha del cumplimiento de la mitad del periodo presidencial. Una artimaña.

Era agosto y el ente imponía noviembre. Dilataciones, como siempre. El proceso se reeditó y en cuatro días —porque las carreras también suelen acalorar a las luchas— se colectaron de nuevo 3.6 millones firmas.

El CNE las rechazó alegando que tan solo 1.9 millones de las firmas eran válidas, 1.1 millones presentaban serias dudas y cerca de 0.5 millones eran completamente inválidas (por pertenecer a personas fallecidas, menores de edad y extranjeros). De las firmas consideradas dudosas por el organismo 876.017 tenían sus datos personales escritos con la misma caligrafía con la excepción de la firma. La oposición alegó que habían sido asistidas.

Desacuerdos, discusiones y mediaciones derivaron en un «tira y encoge» político que acabó con las firmas en la macabra Lista Tascón, registro que sirvió para la discriminación y persecución de quienes la componían y en un proceso electoral que le permitió a Chávez validarse en Miraflores pese al «fraude cualitativo, continuado, selectivo, masivo» cometido.

Juego a favor

El chavismo capitaliza las jornadas revocatorias a su favor y las bautiza como “referéndums ratificatorios”. Así leyeron el resultado de Chávez que lo mantuvo en su silla con el 59,1 % de los votos.

El escollo de 2016 con Maduro a cargo ni siquiera se concretó.  La alianza de partidos de oposición reunidos en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) recolectó más de 1,8 millones de firmas para solicitar por segunda vez un revocatorio, pese a que la exigencia legal era de solo del 1 % del número de electores (casi unas 200.000 firmas). El CNE comprobó la validez de más de 400.000, pero el chavismo cantó “fraude” en contra de la data y el proceso se vino abajo.

Ahora, en este nuevo intento por sacar a Maduro del poder urdiendo la misma estrategia que ha resultado infructuosa en oportunidades anteriores, la oposición sepulta el discurso de abstención que tuvieron de cara al 6 de diciembre, ante un fraude electoral impulsado por el chavismo. Ahora, vuelve al tablero el espejismo de un «referendo revocatorio» que hasta el propio dictador curiosamente trae a colación. Una señal inequívoca de que este camino puede desembocar en un nuevo fracaso.


  • Gabriela Moreno / Periodista venezolana residenciada en Chile. Egresada de la Universidad del Zulia. Experiencia como editora y productora de contenidos para medios impresos y digitales con énfasis en las fuentes de política e internacional.

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