Zonas Económicas Especiales: ¿Islas capitalistas?

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Las críticas naturales y más comunes a este tipo de estructuras, es la clara asimetría que existe entre estas ZEE y el resto del país.

La dinámica de las ZEE analizada a nivel internacional ha demostrado que se trata de alternativa de crecimiento industrial, a través de la inversión extranjera directa, cuyos impactos más importantes son la disminución del desempleo y la pobreza


 

Óscar Doval / Efecto Cocuyo (Venezuela) – 09/07/2021

¡No, no! No son un invento de Maduro, ni de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, ni del señor japonés que se casó y enviudó de un animé-holograma, de quien otro día les contaré.

Las Zonas Económicas Especiales (ZEE), comenzaron como una combinación de zona franca e industrial en torno al aeropuerto de Dublín, Irlanda en 1959.

Tímidamente se fueron sembrando acá y allá, y con el paso del tiempo, proliferaron como una alternativa para el desarrollo en muchos países. En el presente se estima que existen cerca 4 mil 500 ZEE en 130 países, que emplean más de 70 millones de personas.

Particularmente se concentran en economías emergentes o fronterizas, como Asia, Latinoamérica y África.

¿Qué son?

El término se aplica a extensas zonas o polígonos geográficos con regulaciones y hacer propios de una economía de libre mercado, en contraposición a leyes que aplican en el resto del país, más orientadas al control y a la centralización.

Este modelo que tiene como finalidad incrementar la inversión extranjera directa, por parte de empresas o corporaciones multinacionales, ha sido adoptado y desarrollado exitosamente en Singapur, China, Vietnam o Camboya.

Los beneficios que las empresas obtienen al asentarse en las ZEE, son de carácter financiero y legal, lo que se traduce en reducción de costos para producir bienes y servicios, así como mayores facilidades para comercializarlos, aumentando su competitividad a nivel internacional.

Los bajos costos de producción en las ZEE, se debe a la menor carga de impuestos, dada por la reducción de aranceles, ISLR y cargas parafiscales; así como menores gastos operativos debidos a más baratas mano de obra, materia prima y logística.

Aunque el paquete de incentivos fiscales es muy similar al que ofrecen las Zonas Francas de Exportación, las actividades económicas en las ZEE son mucho más extensas e integrales, abarcando un conjunto de facilidades para el desarrollo de actividades de los sectores primario, secundarios y terciarios de la economía, integrando cadenas productivas de valor que incluyen la explotación minera, agricultura, agroindustria, manufactura, turismo, comercio exterior, desarrollo inmobiliario y muchas otras.

Las ventajas legales pasan por mayor laxitud de las regulaciones en términos de control, precios, comercialización, así como más extensas garantías y seguridad jurídica, en contraste con el país donde se siembra este tipo de espacios.

¿Por qué se crean las ZEE?

En general surgen en países en vías de desarrollo o con serios problemas económicos, que requieren un acelerado desarrollo productivo del país, a través de “islas” de bienestar financieras y legales, que atraigan las inversiones extranjeras en el corto plazo, sin que esto signifique grandes cambios políticos o económicos para todo el país.

Las críticas naturales y más comunes a este tipo de estructuras, es la clara asimetría que existe entre estas ZEE y el resto del país.

El modelo de ZEE implementado a lo largo de la costa este de China es uno de los más estudiados a nivel mundial. Tras la muerte de Mao, con la reforma de apertura económica iniciada a finales de los años setenta con la política de “Puertas Abiertas de Deng Xiaoping”, China buscaba recibir inversión extranjera directa.

En 1980 se establecieron las primeras ZEE en las ciudades de Shenzhen, Zhuhai y Shantou en la provincia de Guangdon, seguida por Xiamen en la provincia de Fujian. Para 1984 estas ciudades habían presentado tasas de crecimiento anual promedio del PIB por encima del 10% anual. Shenzhen creció a una tasa promedio anual del 58%, Zhuhai 32%, Xiamen 13% y Shantou 9%.

Este asombroso crecimiento en las cuatro ZEE, se debía a la atracción de inversión extranjera, que en 1985, representaba el 20% del total de la inversión. 20 años después, las ZEE ya captaban más del 50% de la inversión extranjera de China.

La dinámica de las ZEE analizada a nivel internacional ha demostrado que se trata de alternativa de crecimiento industrial, a través de la inversión extranjera directa, cuyos impactos más importantes son la disminución del desempleo y la pobreza, así como el incremento al PIB.  En los casos de China, Singapur, Vietnam y Malasia; historias de éxito de las ZEE, éstas tomaron entre 5 y 10 años, para generar impactos positivos en la economía. Hay que aclarar, que además de las ZEE, estos países también mostraron como elementos claves coadyuvantes, la sincera apertura a mercados globales y la seguridad jurídica para los inversionistas, como parte de sus políticas económicas a nivel nacional.

Latinoamérica

Las experiencias latinoamericanas son mucho menos extensas en tiempo y territorios que las asiáticas. República Dominicana, Colombia y Costa Rica reportan varios aportes positivos derivados de la implementación de Zonas Francas y Parques industriales, durante más de 20 años. En este sentido, muestran variadas estadísticas y parámetros de éxito, que en general pueden ser considerados positivos, pero sin estudios rigurosos ni datos confiables.

En México, hubo un intento de desarrollar ZEE por parte de Peña Nieto en 2016, pero la ley de creación de las ZEE fue derogada por AMLO, apenas 2 años después.

Venezuela

En Venezuela, las “cuarto republicanas”, puertos libres, zonas libres y zonas francas pasaron por debajo de la mesa, sin mucha pena ni gloria, más allá de la ropita y el whisky barato, que nos compramos por años en Margarita.

Hubo un primer intento de implementación de las “Zonas Especiales de Desarrollo Sustentable”, creadas por Chávez en 2002 para promover el desarrollo social, cultural y económico de ciertas zonas del país. Poco tiempo después, esta vez con foco en el desarrollo industrial, también Chávez, trata de crear con poco éxito las Zonas de Desarrollo Endógeno.

Ya en 2018, tras el primer año de hiperinflación, el Vicepresidente Sectorial de Planificación, Ricardo Menéndez, promueve por decreto presidencial la creación de 5 ZEE: Tinaquillo-San Carlos (Cojedes), San Antonio-Ureña (Táchira), Palavecino-Iribarren (Lara), Punto Fijo (Falcón) y Guatire Guarenas (Carabobo), como forma de atraer inversiones extranjeras a un país que iba en “franca picada”.

Ese mismo año, se crea el Viceministerio de Desarrollo de ZEE, nombrando a Juan Arias para ocupar tal posición, con el objetivo de dar vida al nuevo proyecto de ZEE.

Desde el Viceministerio se generan entre 2018 y 2020, múltiples trabajos e investigaciones, así como un extenso proyecto de Ley de ZEE, inspirado en las mejores prácticas mundiales y adaptado a las necesidades de nuestro país. Consta de 65 artículos y expone detalladamente mecanismos de organización y gobernanza, aspectos económicos, geopolíticos, operativos, fiscales y regulatorios de las ZEE.

La Comisión de Finanzas y Desarrollo Económico de la AN redactó un sucinto proyecto de ley, con 26 artículos, sujeto de consulta multisectorial entre marzo y junio del presente año, que espera la aprobación definitiva del máximo órgano legislativo en los próximos días.

Este proyecto de ley, un tanto simplificado, comprende algunos aspectos organizativos, así como incentivos fiscales y operativos, para que puedan ser desarrolladas cadenas de valor productivas en diferentes zonas geográficas del país. Explotación, manufactura, comercialización, salud, turismo y otras actividades productivas son abiertamente promovidas.

¿Podrán las ZEE solucionar la crisis económica venezolana?

No es un secreto, que si bien las criminales sanciones han sido un salvaje atentado contra las finanzas y el bienestar de los venezolanos, nuestra economía, antes de las sanciones, venía en franco proceso de contracción y declive debido las desastrosas políticas económicas y pésima administración del gobierno nacional, además de una corrupción desbordada.

Tanto la Ley Antibloqueo, como la ley de ZEE, a todas luces son complementarias para atraer inversión extranjera directa, pero solamente podrían ayudar a nuestra maltrecha economía, si se pueden instrumentar de forma planeada, con una organización y gobernanza impecables, desburocratizadas, ágiles, y ante todo, dejando de lado agendas políticas. Las ZEE, requieren constancia, sistematización y mucho foco en agendas de orden económico y social. ¿Somos los venezolanos capaces de manejar un proyecto de esta envergadura?.

Como fórmula de éxito, diferentes estudios en materia de ZEE, nos mencionan: seguridad, confianza jurídica, transparencia en la gobernabilidad, sencillez y facilidad en los trámites y permisos, acceso a mano de obra a precios razonables, así como disponibilidad de servicios básicos, logística, adecuados mecanismos y regulaciones que faciliten el comercio exterior. A lo anterior, deben sumarse incentivos financieros en términos de ventajas fiscales, menores costos de operación, así como de materia prima, fuentes de financiamiento y medios de pago nacionales e internacionales. ¿Realmente vemos las ZEE como una solución de nuestros problemas económicos y sociales?

Paso a paso, poco a poco, confiriendo el “gravitas” político y económico que requiere un proyecto de la envergadura de las ZEE, y desarrollando las mismas con organización, paciencia, continuidad y una constancia inagotable, podemos encontrarnos con una alternativa interesante, para ayudar a salir del atolladero económico a nuestra amada Venezuela.

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