El autorretrato de «Dorian» Ramírez Carreño

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Cuando se pierde la vergüenza la mentira se convierte en algo rutinario.

Dinero y/o poder, el gran dilema de los miserables:  Ramírez ya se encuentra al borde de no tener ni lo uno ni lo otro, a medida que se cierra el círculo policial en su contra


 

Gustavo Coronel / Las Armas de Coronel (Venezuela) – 25/06/2020

En su más reciente ladrillo publicado en Aporrea.org, Rafael Ramírez Carreño nos pinta su autorretrato. Quien no lo conozca y sepa que ha sido el gran destructor de PDVSA y que anda escondido entre los millonarios de Europa, tratando de evadir la justicia de varios países, podría pensar que quien así se describe es descendiente directo de San Francisco de Asís.

Lo que dice Ramírez en su escrito titulado: «La degradación de la política» es parte de lo que bien puede llamarse la política de la degradación.

Ramírez comienza por  decirnos: “Mi preocupación y rechazo a este ejercicio degradado de la política, proviene de mis propias convicciones y ética, según las cuales, la política debe ser un ejercicio de honestidad”. 

La palabra ética suena extraña y foránea en la boca de Ramírez. Está acusado en los tribunales estadounidenses de extorsión en juicio aún abierto. Su primo y asociado, Diego Salazar Carreño, está preso en Venezuela y acusado en Europa de haber lavado miles de millones de dólares cuando estuvo a cargo de los seguros de PDVSA. Durante la presidencia de Ramírez las contrataciones fraudulentas fueron múltiples, con su tácita aprobación cuando no promoción.

¿Ética? Esa palabra no existe en el diccionario del chavismo.

Nos dice Ramírez, con orgullo: “He militado en el campo de la izquierda desde los 15 años de edad y he tenido una escuela y una experiencia fraguada al crisol del ejemplo de mis más cercanos; en particular, de mi padre,  quien… se convirtió en combatiente guerrillero de la FALN, durante más de diez duros años”.  Y agrega de seguidas: “Ese es mi referente directo, y por lo que respecta a mi práctica política, ésta fue desde las filas del PRV-Ruptura, un partido profundamente revolucionario, desde donde siempre se dieron gestos heroicos”.

En su mente Ramírez hace el equivalente entre heroísmo y terrorismo, orgulloso de que su padre fuese un terrorista durante diez años y de su militancia en Ruptura, el brazo político de la guerrilla, donde militaban delincuentes como Luben Petkoff, Gregorio Lunar Márquez, Francisco Prada y el mismo Ali Rodríguez, el protector y alcahuete de Ramírez, experto en destruir los oleoductos que nosotros, los petroleros, operábamos en beneficio del país.

Nos dice Ramírez: «El presidente Chávez encarnaba en sí mismo, el ejercicio ético de la política, tanto en la función pública, como en el proceso de transformación interna del país. Jamás lo escuché mentir, ni hacer trampa, ni evadir su responsabilidad…. Compartimos no sólo la misma visión ideológica, en cuanto a la necesidad del socialismo para nuestro país, sino porque teníamos la misma visión ética en el ejercicio de la política, ‘la política con P’ mayúscula».

¿Qué les parecen, amigos lectores, estas pinceladas de brillantes colores que pinta Ramírez en su retrato y en el de Chávez, quienes fueron hermanos en el saqueo del país?

Chávez fue un corrupto que compraba relojes de $50.000, viajaba con séquitos de hasta 150 personas que ocupaban pisos enteros en los mejores hoteles de Europa, permitió el robo desenfrenado a sus familiares y amigos, porque él tenía el poder absoluto para disponer de los activos del país, regaló dinero por televisión a Evo Morales, en maletines a los Kirchner, en cheques a Correa, en petróleo a los Castro, en efectivo a Danny Glover y Oliver Stone para que lo glorificaran en Hollywood y le dio dinero y armas a las FARC, todo ello con dinero nuestro.

Nos agrega Ramírez, sin sonrojarse: “En la batalla social, estaba consciente que al dotar y equipar a la Misión Barrio Adentro, crear los espacios y educar a los Vencedores de la Misión Ribas y construir efectivamente (sin números manipulados), 600.000 viviendas para los humildes, además de construir Universidades y espacios públicos para el ciudadano, estábamos distribuyendo por primera vez, de manera efectiva, la renta petrolera en beneficio del pueblo, al tiempo que mejorábamos las condiciones sociales de todos y los preparábamos para el trabajo y el disfrute del vivir bien”.

Con total desfachatez Ramírez admite que en el gobierno si se falsificaban las estadísticas sobre la Misión Vivienda pero aún sus propios números están groseramente inflados. ¿Dónde están esas 600.000 viviendas? ¿Dónde las universidades nuevas? ¿Dónde los espacios públicos?  PDVSA era una quincalla importadora de comida podrida, lo cual está totalmente comprobado. Ramírez fue promotor de contrataciones fraudulentas de bolichicos, de Ruperti, de gabarras chatarra, de seguros amañados, de equipos fantasmas de perforación, de tanqueros que nunca navegaron. Ese es su verdadero legado en la patética PDVSA.

Pero «Dorian» Ramírez prosigue entusiasmado: «No nos percatamos o no nos podemos dar cuenta, del tremendo cambio subjetivo, espiritual, que se dio en el país durante el período de gobierno del presidente Chávez, donde el respeto a la Constitución y a sus Principios Fundamentales…. blá blá ,… , de la justicia social, el vivir bien, la educación, la cultura, eran todos elementos extraordinarios, que se hicieron cotidianos, porque, como decía el Che, ‘estábamos en una Revolución'».

Cuando se pierde la vergüenza la mentira se convierte en algo rutinario. Es bien conocido que la constitución de 1999 fue violada por Chávez en varias oportunidades, aún antes de ser promulgada, cuando se modificó hasta a espaldas mismas de los constituyentes chavistas. Chávez se limpiaba su trasero con la constitución. ¿Vivir bien? Nunca antes el pueblo venezolano había sufrido tanto. ¿Cultura? El gobierno más procaz de la historia, gracias a Iris Varela, Mario Silva, Diosdado Cabello y su pandilla de patanes. Reto a Ramírez a debatir sobre su ética de la mentira y sobre el vergonzante chavismo.

En su autorretrato narcisista y delirante Ramírez Carreño nos habla de haber ejercido la política con P mayúscula. Hablarles a los gerentes de PDVSA para amenazarlos con carajazos si no reconocían a Chávez como amo supremo de la empresa es política con p minúscula y corrupción con C mayúscula.

Este autorretrato de Ramírez Carreño ha tenido pocos lectores. Ya la gente está hastiada de él y solo espera que la acción de la justicia internacional finalmente le ponga “los ganchos”, como dice su rival Maduro, el que Chávez prefirió para remplazarlo porque se dio cuenta de que a Maduro no le interesaba el dinero tanto como el poder, igual que a él. En cambio, desechó a Ramírez, quien opera en sentido opuesto: primero el dinero y después el poder.

Dinero y/o poder, el gran dilema de los miserables:  Ramírez ya se encuentra al borde de no tener ni lo uno ni lo otro, a medida que se cierra el círculo policial en su contra.


  • Artículo publicado en Las Armas de Coronel el día 23/06/2020

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